SUEÑOS CONECTICUS

El argumento de este cuento es de una trama fantástica. Los personajes son tres: dos mujeres y un hombre, aunque podrían ser más si prestan atención. Suponemos que los nombres de las mujeres son Luna y Amalia, y él Augusto. La trama es sencilla, Amalia y Augusto se conocen, en un tiempo se amaron mucho. Hoy de ese amor no queda nada, salvo algunos deja vu. Augusto no conoce a Luna y Amalia tampoco.

 

 

 

En un primer momento decimos esto. Augusto conoce una imagen de Luna ¿La descubre? Augusto ve bailar a Luna a la orilla de un río, sobre una piedra blanca, realizando ejercicios de yoga, supone que realiza el saludo al sol. Era una mañana cristalina y nítida, donde el astro Dios regalaba los primeros rayos de luz. Entre él y ella los separa una frondosa vegetación, el río, las piedras, el cantar de los pájaros y las sensuales piernas de Luna estilizadas que rompen el sonar del viento, todo esto en un radio de 100 metros. Luna sabe que alguien la observa, ella lo ve claramente a Augusto y en su interior la inspira, potencia su ejercicio y más relajada que nunca, le regala piruetas al observador distante, aunque sus miradas no conectan, la energía de ambos llega hasta sus pulmones, el instante es eterno. Y si es que fueran dos desconocides, sienten en su interior que se conocen desde hace mucho tiempo. “Vine aquí para encontrarte” pensaba Augusto por dentro sin saber por qué.

 

Luna además de hacer yoga, es bailarina. Augusto un simple mortal, empleado sin ganas, que anda vacacionando por las montañas, tratando de abandonar el mal momento causado por Amalia. Sólo en ese momento fantástico y nacáreo pudo pensar en otra cosa, sentir otra cosa, quizás volver a ser el joven amable, sereno y afable que fue. Quizás el aire del lugar, posiblemente el rugir del río y no Luna fue quien en parte le devolvía su paz interior.

 

Hasta este punto todo encaja en nuestro cuento. Dos personas que no se conocen, desamores pululando, almas gemelas encontradas, historias de vidas pasadas que nunca fueron acabadas. Fantasía o realidad, que a cualquiera de nosotres nos puede pasar. Nos falta un personaje.

 

Amalia, ella no está presente en este cuadro y casi que tampoco está en la cabeza de Augusto. Pero vuelve. Como la ola a la playa vuelve. Como la lluvia vuelve. Como todo en esta vida, vuelve. Y fue tanto que volvió o tanto que Augusto la trajo, que esa misma mañana se levanta de dormir y en los primeros 30 segundos recuerda el sueño que tuvo esa noche, angustiada y un poco pálida le viene la imagen de Augusto, sentado al borde de un río, observando bailar a una mujer, rubia, estilizada, que saluda y agradece al sol un día más de vida. Claramente esa mujer era Luna. No solamente recuerda la imagen que describimos, sino que también sintió la misma energía que Augusto y Luna respiraron en ese momento. Tal vez por eso la angustia.

 

De Luna, como dijimos, lo único que sabemos es que es una gran bailarina. Dato que se corrobora esa misma noche, cuando se vuelven a encontrar. Ella bailó entre los cristales filosos de un glaciar y el calor infernal de una caldera. Esa noche Luna bailó para la eternidad. Ella es rubia, delgada, sensual, fina, tiene el cuerpo perfecto, como la soñó Amalia. La simetría necesaria para ser la perdición de los pitagóricos. La curva de su nariz, la profundidad de sus ojos.

 

Entre la pasión que desborda de su alma, entre todo el público que expectante y maravillado la observa danzar, puede ver a una persona que su aura le resultó familiar. Sintió la misma energía que a la mañana y me reconoce. Aunque ella crea que soy Augusto. Siente de vuelta esa fluidez cálida que le recorre el cuerpo. Se confunde, se nubla pero no se distrae de su rutina, se concentra en Augusto, primero lo mira mientras baila, después se acerca, lo huele, lo acaricia, ella intenta robarle el misterio que atormenta al joven, porque así lo percibe. Ella no lo conoce, ni tampoco conoce a Amalia. Solo conoce esa imagen de Augusto sentado en el río. En realidad es a mí a quien busca ella, es mi energía la que intenta sentir. En la realidad absoluta, del otro lado está Amalia, que soñó con ella, está Augusto que como todes está obsesionado con su imagen y aura, está Luna bailando motivada por un fuego especial.

 

Del otro lado está Amalia, con la intriga a cuestas, pretende una vez despierta descubrir quién es esa mujer que baila, con la necesidad de saber dónde está Augusto. Intenta recordar momentos, imágenes vividas junto a Augusto, pero nada la lleva a ese momento y lo extraña, lo extraña mucho. Sin saber quién es Luna y sin saber quién soy yo, Amalia sueña despierta  y extraña a Augusto. La física moderna no tiene respuestas para lo incomprensible, soñar con alguien y a través de alguien no es natural. Yo no sé quién es quién ni por qué me involucré en esta historia. Pero desde una situación que se convierte en imagen, un cuadro de Luna que de casualidad lo encuentra a Augusto y que termina en los sueños de Amalia. La trinidad entre ellos no tiene argumento posible ¿Será la energía de Luna y Augusto que llega a la cama de Amalia? ¿Será que Luna soñó con Augusto y Amalia? ¿Luna es un enigma y el misterio que intentó robarme es el mismo que intento resolver?

 

Después me fui. A Luna la recuerdo en un instante. A Amalia todos los días a través de mi cuerpo, no como yo, sino como Augusto. Luna recuerda al joven, aunque yo sé que ella todavía piensa y recuerda lo que soy yo, materializado en otro cuerpo. La próxima vez que me encuentre en esta situación, trataré de estar preparado para el impacto. Serán diez, cien o mil años y si para ese momento aún tengo la memoria y siento la energía no me voy a quedar quieto. Ya se me escaparon tres lunas en siete siglos de existencia y cada vez que la encontré la deje ir, esta vez por mi compasión, por no interrumpir la vida de Augusto, que mucho tiene que resolver aún con Amalia. Juro que la próxima vez no la dejaré ir. Augusto y Amalia seguramente se reencuentren o tal vez no. Pero un mensaje de ella me lleva a otros rumbos. Eso no me interesa ya. Encontrar a mi Luna fue muy difícil y me apena mucho dejarla ir, espero con esto no molestar y herir a mi nuevo cuerpo.

 

Lo bueno es que ahora se dónde encontrarla, ojalá el destino me traiga por acá de nuevo. Espero que ella se acuerde de mí. Espero que no ocurra nada malo en su mortal cuerpo cuando descubra que la rechacé. Espero que ella sepa también quién es y que trascienda más allá de su cuerpo, cosa que yo no pude. No sé por qué Amalia soñó con ese cuadro, quizás ella ve algo más de mí que de Augusto, o en ella hay algo de Luna y que instintivamente nos conecta. Quizás Amalia está a punto de descubrirme.

 

 

 

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