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SE INAUGURÓ EL ESPACIO DE PRIMERA INFANCIA FRIDA KAHLO

Ayer (12 de diciembre) se inauguró el Espacio de Primera Infancia Frida Kahlo en San Isidro. Si bien hace un año que se sostiene el centro, inauguraron un edificio grande y bello para que los y las más pequeñas sean más felices. Sabrina Jaime (responsable del Frente de Mujeres Evita San Isidro), Marisa Fournier (Investigadora docente de la UNGS) y Erika Loritz (magíster en Economía Social) comparten en esta nota reflexiones sobre la experiencia. 

 

Nota escrita por: Sabrina Jaime, Marisa Fournier y Erika Loritz

 

Las mujeres que a diario trabajan en el Polo Productivo de la CTEP San Isidro tienen un tema menos de qué preocuparse: mientras ellas trabajan, sus niñes están bien alimentados y cuidados en el Espacio de Primera Infancia (EPI) del Polo por otras compañeras del movimiento. El centro se llama Frida Kahlo y fue impulsado desde los inicios del Polo por el Frente de Mujeres del Movimiento Evita.

 

En esta experiencia de economía popular donde el 80% de sus miembros son mujeres y donde sus principales referentes también lo son, se tuvo rápida claridad sobre la necesidad de pensar colectivamente en la cuestión de los cuidados de los y las más peques, por su bienestar y para asegurarle a las mujeres el derecho al trabajo y disponer de un tiempo para ellas.

En una experiencia liderada y sostenida por mujeres, la idea de tener un espacio de cuidados nació de manera simultánea al polo productivo para permitir la participación plena de las compañeras. Si bien la apertura del EPI se concretó un tiempo después, la experiencia del polo se concibe de forma integral, pensando desde sus orígenes cómo dar respuesta a un tema demasiado caro para las mujeres: el cuidado de los niños y niñas. Como lo plantea la referente: “Al EPI lo impulsan las mujeres. No hubo resistencia en armarlo. Para hacerlo hubo que presentar el proyecto hace dos año, recién ahora está saliendo la plata para construir. Ayudó que teníamos el lugar físico.  La idea nació a la par de la ocupación de predio”. Así, se está poniendo en práctica la relación intrínseca que existe entre el trabajo productivo y reproductivo que el sistema  se empeña en separar e invisibilizar.

 

El EPI Frida Kahlo se encuentra dentro del Polo Productivo CTEP Zona Norte, el polo  se creó en agosto de 2015 en la exescuela hogar Carlos de Arenaza, en Boulogne, San Isidro. El polo se ubica en  un enorme predio verde, con varias casas diseminadas por el parque que sirven para las distintas actividades productivas. El polo nuclea a trabajadores/as de la CTEP  de dos organizaciones sociales: Movimiento Evita y Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).  El Movimiento Evita, que tiene la mayor cantidad de trabajadorxs en el Polo (alrededor de 250),  realiza varias actividades productivas: hay una huerta y chacra de producción agroecológica de hortalizas y especies que son destinadas a los 10 merenderos del movimiento en el distrito y a los almuerzos de lxs participantes del Polo y el EPI. Hace algunos meses comenzaron a comercializar bolsones de verduras en la comunidad y en las ferias que se organizan en el predio. También hay un gallinero, donde se producen huevos y pollos para la carne y además son un centro de cría de pollos del INTA. También se está refaccionando la futura panadería. Se planifica destinar la producción a los merenderos y a la venta directa. Además en el polo funciona una sede del Plan FINES, una cuadrilla de mantenimiento y otra  de obras.

 

El EPI se creó en diciembre de 2018, “para darle dignidad a las compañeras”, como lo manifiesta una de las referentes. Funciona de Lunes a viernes, de 9 a 12 hs. Por el momento el EPI es  una sala multiedad donde vienen a jugar, comer y aprender bebes de 2 meses hasta nenes y nenas de 12 años. La sala tiene diferentes rincones para el juego: casita, biblioteca, disfraces, arte, etc. Además tiene una cocina propia donde las compañeras preparan el desayuno y almuerzo para la niñez. Las compañeras que trabajan son 5: una cocinera, tres cuidadoras y una compañera encargada de la limpieza. Las trabajadoras reciben, como les otres trabajadores del Polo el salario social complementario como retribución (8.500 pesos mensuales) por su trabajo diario.

 

Si bien la creación del centro ayudó mucho a las compañeras, la asistencia es intermitente y a veces vienen pocos. Salir de los barrios con mal clima es siempre una complicación  para las mujeres con hijos, a veces las compañeras no tienen  posibilidades de traerlos por el gasto de transporte o porque están enfermos.  Como lo plantea una educadora: “La asistencia no es regular, los trabajos temporarios de los padres, las enfermedades, los casos de violencia intrafamiliar condicionan la asistencia al centro. Hacemos una planificación mensual pero la realidad nos va cambiando siempre”.

Esta experiencia de cuidados que se viene gestando en el Movimiento Evita se va consolidando como una política de la organización y se busca expandirla. Los EPI son ya 18 en el  Movimiento Evita y nacieron al calor de la lucha de los  movimientos sociales contra las políticas neoliberales del gobierno de Macri. La mayoría de los EPI están en polos productivos. En el Polo Arenaza en la actualidad se está refaccionando una casa entera del antiguo predio para abrir un centro de cuidados abierto a la comunidad. El mismo tendrá varias salas, un espacio común amplio como comedor, cocina y baños. La refacción del nuevo espacio se está realizando con la cooperativa de obra de la CTEP se hace cargo del trabajo. Para su funcionamiento se está esperando el otorgamiento de recursos del Ministerio de Desarrollo Social. Se están tramitando las becas  por cantidad de niñes para los ingresos de las educadoras. Se planifica que sean todas mujeres trabajadoras del Polo quienes participen del EPI para que puedan así gozar de un sueldo. Mientras se habilita el EPI abierto a la comunidad, se comenzó por la necesidad de cubrir los cuidados de las mamás que trabajan en el predio.

 

Como era de esperar, el EPI fue muy bien recibido por las trabajadoras del centro. Como lo plantea la coordinadora: “el EPI ayuda un montón, soluciona mucho, para que las compas puedan venir a trabajar, desde que esta el EPI tienen donde dejarlos, las madres dicen desde que esta la guardería estoy 4 horas tranquila, yo lo traigo, vengo contenta, no tengo que estar pensando dónde dejarlo, además, en tiempos de crisis las compañeras necesitan traer a todos por el desayuno y el almuerzo”.

Como lo analizan sus impulsoras, el EPI mejoró la cantidad y calidad de la participación de las mujeres. En calidad, ya que mejoró la participación de las mujeres: “las mujeres vienen más aliviadas, se pueden dedicar las a ellas”, “Y así al poder trabajar nos sentimos mejor, nos abre la cabeza, no depender de un hombre”. En cantidad ya que desde que existe el EPI las mujeres madres de niñes pequeños vienen con más frecuencia.

 

El EPI se va consolidando gracias a la garra de las mujeres y del apoyo de muchas organizaciones y personas. Entre los apoyos más fuertes se destaca la articulación con el gremio docente SADOP. Maestras de nivel inicial  miembros de este gremio dan talleres de capacitación a las educadoras sobre sobre primera infancia. Con estas maestras también pensaron y acondicionaron el espacio de juego, dividido por rincones. Hicieron taller de títeres y juguetes con material reciclables. Asimismo recibieron  materiales, juguetes y libros del gremio. También recibieron formación en juegos enfocados en la igualdad por parte de la ONG Conciencia. Las capacitaciones son muy valoradas por las educadoras: “El cuidado de niños no es fácil.  Es importante las capacitaciones y tener materiales para la educación, no es solo cuidado”.

 

En este espacio donde se busca la igualdad entre hombres y mujeres, los temas de género también entran en la discusión. El nombre del Centro, Frida Kahlo, se eligió entre todas y el diseño del delantal también (la cara de Frida con flores).  Como recuerda una educadora “al principio nos costó que los niños varones se pongan el delantal con la cara de Frida”. “Acá no hacemos diferencia entre nenes y nenas, juegan a la pelota todas, bailan lo mismo, juegan lo mismo”.

 

La alimentación en el EPI es otro gran aprendizaje. En un polo donde se crían pollos y gallinas de manera natural, donde se producen verduras de manera agroecológica para los merenderos de la zona y para los mismos trabajadorxs del centro, en el EPI no solo se asegura el derecho a la alimentación, sino que se lo hace de manera sana y segura, con alimentos producidos por sus madres o padres, vecinas o compañeras de militancia. Con la introducción de nuevas hortalizas producidas en la huerta y chacra del centro, los niños y niñas van incorporando nuevos alimentos a su dieta diaria y llevan la novedad a sus hogares: “hoy cosechamos choclos, hoy comimos buñuelos de acelga”. De a poquito se van reemplazando las harinas y azucares por comidas más nutritivas y sanas. Además, con la suba exponencial de los precios de los alimentos, el EPI aliviana considerablemente los bolsillos de las familias. Los  chicos y chicas aprenden en el centro hábitos que no necesariamente aprenden en sus casas como incorporar nuevos alimentos más sanos, el lavado de manos,  a compartir.

 

Las necesidades de cuidado de lxs niñxs, su alimentación, educación y estimulación son ciertamente necesidades vitales de una comunidad. Sin embargo, existe un déficit estructural de espacios estatales o comunitarios para la primera infancia.  Como lo plantea una de las referentes del movimiento: “No hay espacio en los jardines, no hay cupos, hay lista de espera, o si son muy chiquitos no te los toman. Por ejemplo acá no hay ningún lugar que tenga jardín maternal, desde los 45 días. Y nosotras sí lo hacemos, tenemos varios bebés de compañeras, más en esta zona, no hay nada cerca, y los jardines que hay siempre están colapsados”.

 

El acceso a servicios de cuidado desmercantilizados es una demanda histórica de las mujeres en el mundo. Los servicios estatales de cuidado en Argentina no son suficientes, por lo que son muchas veces las mismas comunidades y sus organizaciones quienes organizan de forma autogestiva y desmercantilizada servicios de cuidado para dar respuesta a las necesidades de cientos de familias. El EPI Frida Kahlo se inscribe en esta línea. Una organización social productiva que crea un espacio de cuidados para los y las trabajadores del centro. Como lo plantean sus organizadoras: “Hay servicios que las organizaciones prestan a las comunidades que el Estado no garantiza, como el de la alimentación, el cuidado, el apoyo escolar, la contención y recreación de niñes y jóvenes. Las organizaciones pueden ser protagonistas de estos servicios, pero con mayor ayuda del Estado, sino es imposible”.

 

Como lo viene denunciando el movimiento feminista desde hace décadas, las mujeres son las que dentro de una familia deben asumir las tareas de cuidado. La responsabilidad del el cuidado de niños/as - y de hacerlo “bien”- se concentran en La Madre. Ello como producto de operaciones históricas y políticas por medio de las cuales feminidad y maternidad se constituyeron como binomio fuerte y la familia (monogámica y heterosexual) como uno de sus escenarios de despliegue preferencial (Nari, 2004)[1]. Dicha responsabilización incide directamente en la calidad de vida de quienes proveen cuidados y de quienes los reciben, restringiendo los horizontes y las capacidades de desarrollo de las mujeres. 

 

El movimiento de mujeres históricamente lucha por visibilizar el enorme aporte que hacen las mujeres a la economía a partir del trabajo reproductivo y de cuidados no remunerado. Este trabajo se suele hacer en solitario y en el ámbito privado. La falta de espacios de cuidado genera una enorme sobrecarga de trabajo en las mujeres y se erige como un gran obstáculo para que muchas mujeres puedan salir a trabajar.

 

Cuidar de manera colectiva por fuera de los hogares particulares transforma radicalmente el valor de la tarea y  dignifica a las trabjadoras (Fournier, 2017)[2]. “Esto cambia la vida de nuestras educadoras. Poder sentirse parte, ser educadora, ven la importancia de formar a los niños en sus primeros años de la vida.” Plante una de las organizadoras. Cuando el trabajo de cuidado se colectiviza deja de ser una responsabilidad exclusiva de las mujeres/madres en sus hogares y las libera. Además, la tarea cotidiana de cuidar se procesa grupalmente, se toman las decisiones en reuniones, se dialoga sobre las metas, los problemas, los desafíos a encarar. Al colectivizar el cuidado las mujeres se empoderan, salen del ámbito de lo privado y además se vuelve una tarea social, y además liberas de tiempo a todas las otras mamás que pueden dedicarse a trabajar o a tener un momento para ellas mismas.

 

El EPI del Movimiento Evita en el territorio se inscriben en el proceso de desfamiliarización y desmercantilización de los cuidados que se plantea el feminismo como una forma de avanzar hacia una sociedad más igualitaria. Gracias a estos centros se aporta de forma eficaz y solidaria al bienestar de las familias, a los derechos de la niñez y las mujeres  y a la reproducción de la comunidad como un todo. 

 

En resumen, un espacio de cuidados en un centro productivo de la economía popular tiene enormes implicancias para las mujeres  de sectores populares y para el sector en general. Gracias a estas experiencias, las relaciones humanas se vuelven más  equitativas, se garantizan derechos a les pibes y sus madres. Como lo plantea Fournier (2018),  se asume el cuidado como una cuestión de responsabilidad social y así ellos salen de la esfera de lo privado y se politizan. La responsabilidad principal en la provisión de bienestar ligado a los cuidados ya no recae en las mujeres circunscriptas al ámbito doméstico sino que es asumido por una organización social. La defamiliarización y la desmercantilización conllevan la posibilidad de democratización de las familias.

 

 

 

Notas al pie: 

 

[1] Nari M. (2004) Políticas de maternidad y maternalismo  político. Buenos Aires, 1890-1940. Buenos Aires: Biblos

 

 

[2] Fournier, M. (2017). La labor de las trabajadoras comunitarias de cuidado infantil en el conurbano bonaerense ¿una forma de subsidio de “abajo hacia arriba”?. Santiago del Estero, Argentina: Trabajo y Sociedad.

 

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