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RAZONES PARA DUDAR DE LOS ECONOMISTAS DE LA TELE


Cuando los economistas tratamos de interpretar un hecho económico para luego comentarlo, tendemos a no expresar de antemano desde donde nace nuestra mirada de la vida, de que va nuestra cosmovisión ¿Cuál es el caso de los economistas de la tele?

 

“El deber del periodista no es convencer al lector de que le está diciendo la verdad sino advertirlo acerca de que lo que le está diciendo es  su verdad, pero que hay tantas otras. El diario que respeta al lector debe permitirle el sentido de la alternativa”

(Umberto Eco, 1969)

 

La frase precedente de Eco nos da pie para desarrollar el siguiente artículo y referirnos a la opinión de los economistas en los distintos medios de comunicación.

 

Lo cierto, es que la objetividad en términos del entendimiento de los hechos económicos, y las interpretaciones sociales en general, no existen, solo existe nuestra interpretación personal y para nada indiscutible, mediada por un cristal en donde se conjugan ideología, historia, creencias religiosas y biografía. Esto es de ese modo, porque la ciencia económica es, primariamente, una “Ciencia Social” y como tal, lo que analizamos nos involucra y envuelve. Estamos dentro de ese conjunto que contiene a todas las variables de una sociedad, incluidos nosotros en tanto variable sustancial, los seres humanos. Por lo tanto, de ningún modo podríamos tener una mirada distante de los hechos sociales y efectivamente “objetiva”, ya que formamos parte, al mismo tiempo que  producimos y somos influenciados, de esos sucesos que estamos analizando.

 

En ese sentido, nuestra realidad, pero fundamentalmente nuestro prisma ideológico es central para darle forma a nuestro entendimiento de los hechos económicos y desde esa base analizarlos para luego ahondar en la explicación que intentamos transmitir a nuestros lectores.  No obstante, lo dicho no implica de ninguna manera no poder interpretar de una forma coherentemente analítica y orientada científicamente los acontecimientos económicos que se producen y nos afectan en nuestro diario vivir.

 

En virtud de lo expuesto, debe entender el lector que los economistas y la ciencia que nos involucra, en términos “ideales” se nutren de la realidad mediada por nuestro entendimiento consumado pero personal de los acontecimientos, de asumir científicamente los hechos económicos como acontecimientos sociales ante todo. La económica no es de ninguna manera una ciencia exacta, sino más bien una disciplina netamente interpretativa y cuyo estudio se nutre taxativamente del foco de análisis que se le exija.

 

En ese aspecto, si bien nuestro origen social no necesariamente definirá nuestra interpretación, por ejemplo, sólo se conoce cabalmente lo que es pasar hambre si efectivamente se tuvo esa experiencia. Del mismo modo, no es lo mismo haber caído en la pobreza porque nuestras acciones cayeron estrepitosamente de un día para el otro, transformando el dinero en papelitos sin ningún valor, que ser pobre por haber nacido en una familia paupérrima sin ninguna posibilidad de movilidad social. En ese caso las interpretaciones de “los hechos sociales” serían diametralmente distintas.

 

Por caso, aquel economista que entienda que la inflación es un fenómeno estrictamente monetario verá con buenos ojos que el gobierno de turno aplique medidas de política monetaria contractiva, como lo son el encarecimiento del crédito mediante la suba de las tasas de interés, el incremento del encaje bancario, etc. Contrariamente, aquellos que pensamos que el fenómeno aludido es producto de múltiples causas, como por ejemplo la puja distributiva, el poder de monopolio y las posiciones dominantes en el mercado de determinadas empresas, además del tema monetario, esperaríamos que el gobierno atienda diferentes variables en busca de una solución más equitativa, en donde no recaiga el peso de las medidas antinflacionarias sobre la demanda, la producción y el empleo.

 

No obstante, lo que denodadamente deberíamos intentar es separarnos del componente empírico-biográfico, de los hechos ejemplificadores conocidos, de nuestro ropaje brindado por la escala social que ocupamos o de las normas adquiridas por influencias históricas de nuestro entorno familiar.

 

En tal sentido, los economistas solo somos capaces de realizar análisis medianamente objetivos cuando generalizamos determinadas situaciones más allá de los saberes que se adquirieron empíricamente. Entonces, nos imaginamos un modelo “ideal” que explique el hecho económico, pero, a pesar de todo, lo que en realidad sucede es que ese modelo es algo parecido a una ecuación en donde ya conocemos el valor de “X”. Esto se da de tal modo porque nuestra propia subjetividad nos orienta hacia el resultado del análisis y, por lo tanto, la conclusión y el argumento que  queremos dar.

 

Lo ideológico, que en todo caso es un complejo normativo de percepciones, ideas y creencias colectivas que se vinculan entre sí, propone además, modos de actuar sobre la realidad colectiva que permea nuestra observación y orienta el estudio por un rumbo ideológicamente predefinido. Por el cual debemos esforzamos para que no sea un rumbo discrecional, apriorístico o que intencionadamente busque verificar lo que nuestra subjetividad le ordena.

 

Después de todo, como señalaba Frederick Engels "todo lo que mueve a los hombres tiene que pasar necesariamente por sus cabezas".

 

 

 

*Lic. En Economía Política

 

 

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