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PARA TODOS TODO

Diálogo entre el Manifiesto zapatista y la actualidad argentina.

 

No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.

 

Cuando Colón “descubre” América, en nuestro continente existía una población autóctona de casi 60 millones de personas, según versiones moderadas. Otra versión alcista sostiene que existían alrededor de 900 millones de almas distribuidas en todo el continente. Es sabido que los pueblos ya contaban con un sistema religioso, económico y social complejo, en muchos casos más complejos que civilizaciones “avanzadas”. El lenguaje estaba desarrollado, conocían los ciclos del cultivo de la tierra, gran conocimiento astronómico y avanzado en ciencias duras como la matemática, arquitectura y medicina. De hecho el numero 0 tuvo su origen en la civilización Maya.

 

Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se les niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.

Al año 2008, con métodos censales sofisticados, la población indígena en América es de 29 millones de habitantes, casi la mitad de habitantes que las versiones moderadas de la preconquista. La población actual representa un 6% del total de la población americana, alrededor de 500 millones de personas. Que sin ser un genio en matemáticas (como los Mayas), es poco mas de la mitad de la versión alcista de la América precolombina. Esto nos habla y mucho, pasaron 525 años de la llegada del europeo y tenemos menos de la mitad de la población.

 

Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.

Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.

Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.

Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.

Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.

Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergüenzas.

Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.

Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.

Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.

Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.

Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido.

Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras.

Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.

 

El argumento del “viejo mundo” abigarrado en la Iglesia católica, era que esas personas no eran personas, esas personas no tenían alma, eran hijos del demonio, no se vestían, hablaban en un dialecto satánico, eran malolientes y una parva de adjetivos no dignos de un ser. Si había otro interés lo desconocemos. Pero fue el que valió para comenzar con el exterminio de nuestras civilizaciones americanas. Primero los aniquilaron, los que se organizaron para resistir fueron amedrentados, descuartizados, esclavizados y felizmente “civilizados”. Con la espada y el sable adoctrinaron al que luego, por desprecio llamaron “indio”.

 

Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias.

 

Ya casi no queda oro en Potosí, el saqueo a nuestras riquezas naturales fue tal, que tuvieron que traer esclavos africanos para el trabajo de extracción de metales, vaya uno a saber porque, según relatos de nobles, el indio era vago y renegao. Al negro se lo domaba con mejor facilidad. Si se celebran rituales religiosos ancestrales las comunidades son estigmatizadas por lo que en silencio deben reunirse en sus ranchos. Eso si, públicamente los domingos todos deben ir a misa. Políticamente no son aptos para gobernar, son burros e ignorantes. Si no pueden gobernar tampoco deben estudiar, si no estudian no pueden tener trabajos dignos, sino tienen trabajos dignos su vida se reproduce informalmente, si son informales son chorros, si son chorros es porque son vagos, porque no les gusta trabajar. Querido lector, ¿se da cuenta que es parte de una cadena histórica? Esto no es de ahora. El blanco extranjero supo como domar simbólicamente a nuestros hermanos. Sin educación, sin salud, sin trabajo, sin casa. ¡Pero si esta tierra es mía! Hasta hace poco tiempo en Bolivia, cuna de la civilización, no se dejaba entrar a las plazas públicas al coya. El blanco extranjero, patriarcal y católico puede caminar con la cabeza en alto.

 

Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña y lo caminamos rumbo a la casa del poder y del dinero. Hermanos y hermanas de otras razas y otras lenguas, de otro color y mismo corazón, protegieron nuestra luz y en ella bebieron sus respectivos fuegos.

 

 

En Argentina, según la versión moderada alrededor de 500 mil personas habitaban nuestro territorio, haciéndose fuertes las comunidades del Chaco. Finales del siglo XIX Roca propone hacer una campaña al desierto, para conquistarlo. Como Colón. Claro, era el desierto. Había indios nomas, esos hijos del demonio, desalmados. Se inicia un plan sistemático de matanza de los pueblos originarios en La Pampa y La Patagonia, en el marco de un plan mayor denominado campaña o conquista del desierto. La campaña para el patriota argentino que hoy vive en uno de los billetes de mayor nominación fue un éxito, según sus palabras cuando asumió la presidencia "no se ve un solo indio por la pampa". Claro, el patriota, el héroe nacional, regaló 30 millones de hectáreas de tierra al gringo extranjero. Mientras que cerca de 30 mil hombres y mujeres que la habitaban, fueron brutalmente asesinados en la mayoría de los casos. Otros tantos fueron felizmente adiosados y sirvieron de peonada explotada por los nuevos dueños de la tierra.

 

Vino el poderoso a apagarnos con su fuerte soplido, pero nuestra luz se creció en otras luces. Sueña el rico con apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras.


 

Solía festejarse el día de “La Raza” como si los pueblos originarios fueran perros. Un día un gobierno le devolvió un poquito de identidad y nos dijo, hermanos, compañeros, no somos perros, somos personas con identidades culturales, celebremos entonces el día de la diversidad cultural, vayámonos de vacaciones, aprovechen uno de los últimos feriados de año. Ni una ni la otra. Es la larga noche que nos domina de aquel 12 de Octubre de 1492 y no nos deja ver, es la espada sobre la garganta, el fusil sobre el pecho, es la pobreza, son los sin techos, los sin tierra, los desclasados, los que mueren en las villas, en los campos contaminados, son los miles de expulsados que se convirtieron en trabajadores urbanos del sistema. Son los campesinos despojados de sus tierras. Son los pueblos originarios que resisten en sus tierras ancestrales.

 

Quiere el soberbio apagar una rebeldía que su ignorancia ubica en el amanecer de 1994. Pero la rebeldía que hoy tiene rostro moreno y lengua verdadera, no se nació ahora. Antes habló con otras lenguas y en otras tierras. En muchas montañas y muchas historias ha caminado la rebeldía contra la injusticia. Ha hablado ya en lengua náhuatl, paipai, kiliwa, cúcapa, cochimi, kumiai, yuma, seri, chontal, chinanteco, pame, chichimeca, otomí, mazahua, matlazinca, ocuilteco, zapoteco, solteco, chatino, papabuco, mixteco, cuicateco, triqui, amuzgo, mazateco, chocho, izcateco, huave, tlapaneco, totonaca, tepehua, popoluca, mixe, zoque, huasteco, lacandón, maya, chol, tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame, teco, ixil, aguacateco, motocintleco, chicomucelteco, kanjobal, jacalteco, quiché, cakchiquel, ketchi, pima, tepehuán, tarahumara, mayo, yaqui, cahíta, ópata, cora, huichol, purépecha y kikapú. Habló y habla la castilla. La rebeldía no es cosa de lengua, es cosa de dignidad y de ser humanos.

 

La muerte de Santiago Maldonado fue por toda esta historia oscura en nuestra América. Una víctima del imperialismo, el colonialismo y el cipayismo. Pero su nombre se levanta en fuegos que resisten. Su nombre se incrusta en la pared de nuestra Argentina fisurada. Su imagen se inmortaliza en la memoria colectiva. Es un indio más que muere por su tierra. Las tierras que pertenecen a los mapuches fueron ilegalmente entregadas por el “patriotismo argentino” al extranjero. Primero a los ingleses, justo el patriota argento. Luego a los yanquis y ahora a una multinacional italiana. Se la compraron al hombre blanco, católico, patriota y civilizado con espejitos de colores. Las tierras nuestras fueron vendidas por dos monedas. Fueron entregadas. El mapuche, el indio con plumas que resiste.

 

Por trabajar nos matan, por vivir nos matan. No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarán, pero así nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra. Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren.

 

Mientras por mi ventana escucho aterrizar un helicóptero, donde al tripulante lo esperan policías, bomberos y ambulancias. La resistencia indígena late en nuestras venas. La tierra es de quien la trabaje. Y si nos remitimos al derecho legitimo, son de quienes las habitaban. ¿O no fue así como Dios consideraba al don divino al hombre Blanco? Es hora de que la Iglesia, se incline hacia América y nos pida perdón por los crímenes de lesa humanidad que vienen perpetuando hace más de 500 años.

 

Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido.

 

Hablando en su corazón indio, la Patria sigue digna y con memoria.

 

 

Nahuel Godoy

 

 

 

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