PANDEMIA, INFORMALIDAD y CLASES MEDIAS

El contexto social a partir del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) colocó en el centro de la agenda nacional la situación de los trabajadores informales. Reflexionaremos sobre la situación de dos grandes grupos de trabajadores: asalariados informales de unidades productivas formales e informales y trabajadores informales ligados al esquema de subsidio al trabajo por parte del Estado. ¿Y qué pasa con les trabajadores que se escapan de estas dimensiones? Al final del articulo nos detenemos brevemente sobre el debate de las clases medias ¿Existen en nuestro país o son solo percepciones?


Para empezar, destacamos a las unidades productivas informales y formales (entendidas como explica la bibliografía: a partir de alguna regulación con el Estado, pero no con sus trabajadores empleados), en particular las vinculadas a actividades comerciales. Se observa que a partir de la ASPO muchos comercios que poseen trabajadores en negro, a partir de la merma de las actividades y del cierre de las persianas, el vínculo con elles fue de dejarlos a la deriva hasta que las condiciones cambien, algunos empleadores comprometidos siguieron de cerca la situación para dar respuestas. A partir de lo observado en varias situaciones de vínculos personales, los patrones de estos trabajadores aplicaron una serie de soluciones con sus empleados: redujeron a la mitad su salario; completan la mensualidad en cuotas a medida que perciben ingresos y el más común de todos, insistieron para que sus empleades se anoten para percibir el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) para luego de recibir los 10 mil pesos completar el saldo restante. En muchos casos consultados, estos trabajadores informales asalariados no percibieron el salario anual complementario (aguinaldo) correspondiente al mes de Julio. En cuanto a las unidades productivas formales que sus trabajadores se encuentran registrados, percibieron por parte del Estado el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), que contempla el pago, según la escala de la unidad, de un determinado porcentaje del salario de sus trabajadores

En cuanto a los trabajadores informales subsidiados por el Estado mediante planes sociales con orientaciones al ingreso al trabajo, este grupo percibe remuneraciones por realizar algún tipo de actividad socio-comunitaria articuladas por entes ejecutores (de organizaciones sociales o municipales). Los programas sociales contemplan una dedicación diaria de 4hs de trabajo por jornada laboral, a cambio de medio salario mínimo vital y móvil. Esta contratación le permite a este sector dedicarse a otras actividades informales, como realizar changas en distintos oficios o actividades de subsistencia vinculadas a la producción de algún tipo de bien transable, conocido popularmente como “inventarse el trabajo”. El problema para este grupo fue en este último punto, si bien no dejaron de percibir el ingreso del Estado, sus actividades vinculadas a la subsistencia mermaron completamente y tampoco percibieron el IFE. En tal sentido, es pertinente mencionar el debate existente entre economía informal y economía popular, sin bien ambos conceptos parten del condicionante marginal del sujeto trabajador, los estudios académicos presentan disimilitudes en cuanto a la informalidad, ya que es parte estructural de procesos sociales y económicos del mundo popular que nunca fue formal.

Por otro lado, lo que la pandemia develó a partir de la implementación del Ingreso familiar de Emergencia (IFE) fue el universo de trabajadores que no son cubiertos por ningún tipo de protección, sea mediante asistencia de programas o bajo la regulación de la protección social. La cantidad de subsidios al trabajo otorgados a trabajadores puso en evidencia la masa de este sector en el país, si bien la estadística nunca los ocultó, ya que para el tercer trimestre del 2019 la tasa de empleo no registrado era del 35%, lo que sucedió en este contexto de PASO fue identificar quiénes son esos trabajadores no registrados, informales, precarizados y sin ningún tipo de protección laboral y social. El IFE, a partir de la información disponible por el ANSES, puede ser solicitado por trabajadores y trabajadoras informales, trabajadores y trabajadoras de casas particulares, monotributistas sociales y monotributistas de las categorías A y B. Los requisitos son, además de ser argentino o naturalizado con una residencia mayor a dos años y estar en un rango etario de entre 18 y 65 años, son que el titular o su grupo familiar no tenga ingresos provenientes de: un trabajo en relación de dependencia en el sector público o privado; ser monotributista de categoría C o superior, o del régimen de autónomos; una prestación de desempleo; jubilaciones, pensiones o retiros contributivos o no contributivos nacionales, provinciales, municipales o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; planes sociales, salario social complementario, Hacemos Futuro, Potenciar Trabajo u otros programas sociales nacionales, provinciales o municipales. El subsidio IFE fue otorgado a un total de 7.854.316 personas, entre beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, la Asignación Universal por Embarazo e inscritos que cumplen con los requisitos del programa extraordinario, fueron aprobados para recibir el beneficio. Sin embargo cerca de 9 millones de trabajadores (por hogar) se inscribieron para recibir el IFE.

Es interesante abrir el debate, en este contexto, de las clases medias en nuestro país. Analizar brevemente las condiciones de informalidad laboral me da el píe para preguntarme ¿Existe tal clase en nuestro país?. Un interesante articulo de Ezequiel Adamovsky (2009) nos resuelve tal incógnita. Las clases medias no existen. Según su hipótesis esta fueron un invento (otro más Argentino) a partir de la polarización política en las décadas del 40´ y el 50´ entre peronismo y anti peronismo. La aceptación al peronismo por parte de la sociedad civil era tal, que el arco opositor no encontraba perforar un caudal de posibles electores, en tal sentido y en complicidad con medios gráficos de la época empezaron con la idea de una clase media, blanca, católica y europea (o al menos descendientes de inmigrantes europeos) que se diferencie de los cabezitas negras del peronismo. Crearon un sujeto capaz de distinguirse del migrante interno, del obrero no calificado, de la mujer empoderada. La disputa cultural siguió y se polarizó aún mas en nuestros tiempos. La clase media para los análisis sociológicos tampoco existen, desde las escuelas tradicionales europeas, como la escuela marxista, que indica una dualidad de clases: dueños del capital y trabajadores. La tradición weberiana por ejemplo, distingue tres estratos sociales: grandes capitalistas, burguesía / pequeña burguesía y trabajadores. Claro que la realidad social en Europa es muy distinta respecto a nuestras sociedades, en tal sentido, algunos estudios latinoamericanos consideran el flagelo de la informalidad en nuestra región y comenzaron en la década del 60 a incorporarlo en sus estudios de estructura de clase, identificando un gran universo dentro de la clase trabajadora (heterogeneidad obrera) donde se encuentran los trabajadores de cuello blanco, profesionales, técnicos, diferenciados de los trabajadores manuales calificados y no calificados (trabajadores de cuello azul) e incorporan los trabajadores informales dentro de este grupo. No pretende ser este un articulo de análisis de la estructura de clase, pero a partir de los datos obtenidos respecto a la gran mayoría de trabajadores que fueron beneficiados con el Ingreso Familiar de Emergencia, me surge esta pregunta, ya que por un lado muchísimos trabajadores se autoperciben como "clase media" y por otro lado son subsidiados por el Estado. En este punto encontramos un indicio respecto a nuestro interrogante y es mas una autopercepción de pertenecía a un grupo social, a partir de consumos culturales, habitus y niveles de ingreso, que no necesariamente responde a la clásica división social de clases.


Para finalizar, resulta importante hacer énfasis en la magnitud de trabajadores que se encuentran sin protección laboral ni seguridad social en el país. Como se mencionó, si bien en la estadística el trabajo precario e informal siempre estuvo presente, lo que se resulta más evidente en este contexto de crisis económica, pandemia y cuarentena es la identificación, con nombre y apellido, de cada une de les trabajadores que persisten en el amplio espectro de la informalidad. En ese sentido, cabe resaltar la gran oportunidad que podría asumir el Estado a partir de contar con esta información, de cara a revertir la situación de vulnerabilidad de derechos que enfrentan les trabajadores informales del país.


Lic. Nahuel Tobias Godoy

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