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NAVARRO Y LA POST VERDAD

El periodista Roberto Navarro fue desvinculado del canal C5N, entre cruces de denuncias de censura y peleas con los directivos del canal. Analizamos la relevancia del hecho en lo que significa para el mapa mediático argentino.

 

En qué creer cuando todo puede ser alterado, editado y ajustado a la mirada de quien contempla es un dilema que avanza y se instala en cada consumo mediático. Pero aún no estamos ahí. Las burbujas de contenido y los algoritmos de ajuste personalizado de pantalla no compiten con los medios masivos. El sistema de medios clásico, que incluye la televisión, instala agenda y sentidos y la opinión pública siguen siendo interpelados por las preguntas que en ellos se presentan.

 

La pluralidad de voces se hace una necesidad frente a una multiplicidad de sentidos más impulsados por intereses económicos cortoplacistas. Los medios son empresas que tienen que conseguir pauta publicitaria para mantenerse en pie. Algunos la consiguen manteniendo cautiva una cantidad elevada de espectadores otros enviando mensajes con los que las marcas quieren estar asociados.

 

El lunes los programas conducidos por Navarro fueron levantados de la pantalla de C5N. El destape y Economía Política eran programas con una cantidad elevada de espectadores, con mucho rating. Era una de las estrellas del canal. Era una de las principales fuentes de ingreso del canal. Además el conductor, uno de los pocos periodistas abiertamente opositores al régimen macrista, denuncia que fueron las presiones del gobierno para evitar que denuncias a funcionarios de alto nivel vieran la luz las que lo terminaron dejando sin empleo.

 

Es justo decir que las denuncias mediáticas al primer mandatario y su círculo inmediato eran el principal atractivo de esos programas. La participación de empresas del presidente en tácticas de evasión impositiva en Panamá, la desviación de dinero a través de una fundación por parte de la vicepresidenta, la falta de licitación para negocios de obra pública, las medidas económicas orientadas a reducir derechos como la quita de pensiones a personas con discapacidad provocaban la exagerada indignación del conductor al grito de advertencia de “te están tomando de boludo” pero también nula repercusión en la justicia.

 

Sin embargo estas denuncias daban un marco de referencia para que los espectadores que comparten la oposición al régimen pudieran ver sus creencias materializadas en un espejo televiso, pero en pocas oportunidades la justicia actuó sobre ellas dando nula respuesta. El presidente y su equipo sólo atendió esas denuncias con frases que los desvinculaban de maneras que desafiaban la lógica y se enterraban en el cinismo.

 

El gobierno, sin embargo, no estuvo exento de reveses y se vio forzado a manifestarse y dar marcha atrás con políticas vinculadas al aumento de las tarifas de los servicios públicos y el debilitamiento de los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia; reveses impulsados por el reclamo masivo en las calles.

 

La configuración cultural argentina tiene un piso de valores, cementado con la sangre de las luchas populares, que la lleva a tener una sensibilidad especial a los temas de derechos humanos. La censura y persecución que según el periodista fueron las razones reales de su desvinculación del canal levantan la curiosidad. Es un tema sensible en nuestra historia nacional, teniendo en cuenta que la persecución a periodistas de la dictadura dejó 84 desaparecidos y 17 asesinados. Descoloca el silencio de los compañeros de pantalla de Navarro en sus redes sociales, que hablan tranquilos del partido de River o promocionan sus próximos shows, tomando con soda el perder un trabajo. No me sorprende sin embargo el subtexto de “que se cague por kirchnerista” que caracteriza el tono de los medios que informan sobre el despido, justificandolo casi, al resaltar las diferencias con el gerente de contenidos y cierta desprolijidad del conductor en su presentismo. Al menos la situación da lugar al cruce y permite transparentar posiciones.

 

Durante el gobierno anterior, operadores mediáticos como Feimann o Laje denunciaron presiones y censura también y se reubicaron casi inmediatamente en lugares donde sus emprendimientos de operación y agencia fueran mejor recibidas por las líneas editoriales de medios antikirchneristas. Durante el kirchnerismo ese tipo de emprendimientos vivía una suerte de fiebre del oro, donde cualquier figurilla mediática podía gritar censura y recibir alguna porción de pantalla.

 

La situación con el macrismo no es análoga. No hay un clima mediático que esté ávido de voces opositoras, u operadores siquiera. La desvinculación de Navarro es un síntoma de la época. La homogeneización ideológica responde a intereses económicos inmediatos. Las empresas periodísticas necesitan pauta, que obtienen por audiencia o transmitiendo valores a los que las empresas quieren asociarse sponsoreando la producción. Si los números de audiencia de los programas de Navarro eran altos, la justificación del cambio responde a un una búsqueda de nuevos valores en la programación. No es creíble la mala relación con un gerente de contenidos para justificar el desprendimiento de una fuente de ingresos importante, así no funciona el capitalismo ni las empresas.

 

Las posibilidades de pluralismo que daba la Ley de Medios absurdamente (e inconstitucionalmente) fueron paralizadas aduciendo un retraso del marco normativo con las nuevas tecnologías. Nada, fue por Clarín, pero quéle vamoa hacer. Esto frena y empantana el desarrollo de medios que se rijan por valores e intereses distintos al económico inmediato. Eso nos deja con el sistema de medios que tenemos. En este panorama donde los medios responden a intereses diferentes a los de la población que forma su audiencia es un requisito indispensable las voces disidentes que reafirmen, aunque sea, ideologías atacadas, perseguidas y estigmatizadas. Medios que den voces a reclamos legítimos por más que sea para establecer diferenciales que le generen una audiencia mayor.

 

Me pregunto entonces en este panorama difuso si C5N se reestructura un poco más alineado con el gobierno macrista o si es una operación de Navarro para, apelando a fibras sensibles de la configuración argentina, atacar al gobierno con denuncias de censura e intentar afectar la imagen de este en las próximas elecciones o si se acomodará en una nueva señal que pague más o si fue en realidad censura, o si alguna vez se podrá hacer algo más que conjeturar. A la última pregunta sé, sin dudas, que no podremos ni siquiera aspirar a responder sin diversidad de voces.

 

 

 

 

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