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LOS SALIERIS DE NETFLIX

Apuntes para tener cuidado en la (comunicación) política. 

 

Hay en el mundo de la política una nueva manera de expresar la comunicación. Renacida al calor de los nuevos capítulos de las novelas como House of Cards. La llamamos renacida porque esta etapa sería como la sub20 de un estadío de la comunicación de los últimos 10 años. Política vernácula o quimeras for export.

 

 

Veamos su dinámica. Su motor es la persona en términos individuales, aislada totalmente del grupo, de la pertenencia y de la identidad. Puede soportar varias identidades según el público y el temario. Cualidades exageradas, inmateriales. Es decir que reina el desapego bajo el triunfo del rating de la Big Data. Esta frivolización de la política y del protagonista es generalmente exagerada por los salieris de Netflix: falsos intérpretes de guiones fantásticos que rozan la fábula.

 

Netflix propone homogeneidad a través de sus sistemas de algoritmos como también lo hacen las redes sociales donde los salieris son víctimas, aunque presuman “controlar el flujo de usuarios”. Habladurías.  Proliferan los gurúes de comunicación que, a falta de empatía real, recrean un mundo de ficción, volátil. Confundimos el rol -no la dimensión- de la comunicación 2.0 si creemos que la prioridad es comunicar de esa forma. Lo primero es la política, el problema.

 

Las redes sociales de la mayoría de los políticos actúan como el viejo cuento de “espejito espejito dime quién es el más bonito”. El engaño en el que han caído muchos políticos lamentablemente se generaliza proporcionalmente a la aparición de los “Manosanta” de la comunicación. 

 

En tantos años todavía no conozco a una sola persona que haya votado a alguien porque un usuario o amigo en común compartió o megusteó un post. No hay. Quizás sí, disculpen estimados por ser determinante. Es un gran buzón lleno de postales.  Una vidriera donde nadie va a comprar nada, pero hay que estar de alguna manera (dejaremos esta discusión para otro momento). Sí he visto cómo han cambiado el voto por una visita a una casa, a un club, a un centro comercial o porque mengano habló de su experiencia con el político fulano de tal. 

 

 

 

Las paredes y los muros. El uso de las redes sociales de la mayoría de los políticos suele ser similar a la pintada callejera. Históricos del Conurbano bonaerense como Los Buitres o Los Mauros hoy son primos de nuestros Salieris de Netflix. El contenido como postal. La distancia como herramienta de persuasión y de convencimiento. ¿De conocimiento? Fórmulas extrañas, contemporáneas.

 

Pequeños novatos con abono on demand ilusionan guionar la vida de políticos como si se pudiese organizar según algoritmos. Caen en la tentación del hashtag como si la vida real de la política fuese tan fácil como conseguir un Match en Tinder. No. La política es otra cosa. No hay red social que pueda sustituir la charla cara a cara. La impunidad de la red social como un postal que no lleva perfume ni mirada ni tacto.

 

Por favor: lo que pasa en Netflix que quede en Netflix.

 

 

 

Autor: Nicolas Otero

Ilustración: Hernán Fraga (https://hernanfraga.myportfolio.com)

 

 

 

 

 

 

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