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HUMANOS A LA CAVERNA

 ¿Por qué tiene precio la tierra? ¿Quién le pone el valor a las casas? ¿Qué es lo que lleva a las personas a pagar un valor más elevado por el alquiler o la compra de una casa? ¿Volveremos a la caverna?

 

Por Nahuel Godoy

 

 

  En el sistema capitalista moderno ¿qué objeto no fue mercantilizado? El inconveniente es, dentro de todos los bienes consumibles, cuando el objeto es un bien tan esencial y necesario para las familias obreras como la vivienda. Se expresa en nuestras ciudades mediante la desigualdad en el acceso a una mejor calidad de vida, esencialmente a servicios básicos y derechos primarios. Exclusión social, familias con riesgo habitacional, alojados en asentamientos y villas en los márgenes de las grandes urbes. No es algo que se aleja de nuestra visión, entramos en contacto todos los días con diferentes escenas en la ciudad y de manera invisible, se muestran como fantasmas ciudadanos deambulando.

 

  La ciudad en sus límites internos tiene un determinado porcentaje de su suelo destinado a viviendas y otro a diferentes usos. El porcentaje para suelo es limitado y escaso, ya que la tierra o el suelo urbano no se produce como una manufactura.

 

  La discusión la orientamos siempre hacia la vivienda, al techo físico y material, pero en realidad el problema está en el acceso al terreno propio, en la distribución y producción de tierra urbana. En términos capitalistas, todo bien posee un valor (precio) porque detrás de si acumula un trabajo socialmente necesario para ser producido. Ese trabajo implica un costo, que es salario del obrero y ganancia para el empresario. Pero la tierra, el suelo o lote ¿quién lo produce? ¿Qué trabajo socialmente necesario es utilizado para producirlo? ¿Qué costo implica? La primera pregunta la podemos responder desde la religión o desde el evolucionismo: nadie produce suelo, salvo la naturaleza o Dios. La segunda pregunta: ¿Acaso la ciudad no es un producto social? La ciudad la producimos entre todos los que la habitamos, cada frentista, cada dueño, cada ciudadano (o no) y sobre todo el Estado. Invertimos constantemente en la ciudad, esto se plasma en muchas acciones nuestras, una de ellas es pagar los impuestos y servicios o mejorar nuestra vereda. Cabe mencionar también, que el Estado una vez que recoge los impuestos invierte en obras: cloacas, aguas, asfalto, etc., aunque siempre lo hace en la ciudad formal de los ciudadanos plenos de derechos, mientras que la ciudad informal, de borde, espera que se derramen por arte de magia restos de hormigones en las calles de tierra. Economía formal vs. Economía informal, Estado y ciudadanxs, todos somos parte del trabajo socialmente necesario para producir ciudad.

 

  Entonces ¿Qué es lo que fija el precio de la mercancía casa? Y otra pregunta que me surge ¿Qué es lo que lleva a las personas a pagar un valor más elevado por el alquiler o la compra de una casa?

 

  Engels plantea que el problema de la vivienda no es una cuestión que preocupa al obrero, pues esté no tiene vivienda y está en menos condiciones de adquirir una. El problema lo tiene la burguesía, que teme ante las condiciones de vida de los trabajadores y ante un posible alzamiento armado u organizado en contra de la propiedad privada. La solución que buscan no es por solidaridad de clase, sino por defensa: vivienda social; alquileres subsidiados; créditos hipotecarios accesibles.

 

  A partir de las nefastas condiciones de vida de los sectores populares se intentó resolver el problema, que era únicamente del obrero, porque el burgués contaba con vivienda.

 

  El problema de la vivienda del obrero y sus condiciones de vida, dan lugar a que el Estado a fines del siglo XIX en Europa y a mediados del siglo XX en América Latina intervenga, de qué manera: construyendo viviendas. El Estado capitalista, salvo en un puñado de naciones, no interviene en el mercado del suelo.

 

  En Argentina la construcción de viviendas por parte del Estado fue plenamente social a lo largo de la historia, no hay provincia ni municipio donde no exista un plan de vivienda. Y no solo eso, sino que en el último gobierno popular la construcción de viviendas además de brindarle una casa al obrero, también le dio impulso a una economía estancada post crisis del 2001. Factor clave para entenderlo: la industria de la construcción es una de las que más genera productividad, desde cerámicas hasta griferías, la vivienda es un gran depósito de la manufactura industrial capitalista: muebles, electrodomésticos, cortinas, trapos de piso, cuadros, libros, comidas, etc.

 

 

 

 

  Entonces encontramos políticas habitacionales donde el fin es la producción y muy escondido se encuentra el derecho vulnerado. No es intención en este texto generar una política pública eficiente, pero la solución quizá se encuentre en regular el mercado del suelo. ¿Acaso la gente que no accedió a estos beneficios pudo acceder luego a una vivienda?

 

  La pregunta que quedó sin responder, del por qué de la variación de los valores de las casas, se puede explicar teniendo en cuenta la teoría de la renta del suelo, esto quiere decir que dependiendo el lugar donde se encuentre la parcela el valor cambiará. El precio está compuesto por diversos factores, como por ejemplo la cercanía a vías de comunicación, accesibilidad, servicios que posee, centralidad del lugar, zonificación estatal y tipo de población que vive: clase media, obreros, empresarios, comerciantes. Una linda teoría que podemos aplicar aquí, es la del sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien nos explica que la distinción es un factor clave de estatus socio económico de los sectores dominantes (también se podría agregar “ascendientes”), que para distinguirse y demostrar que su potencial económico es mejor y más importante se paga más caro. Esto el mercado lo sabe. Y muy bien.

 

  Pero ¿Por qué tiene precio?  Samuel Jaramillo es un economista colombiano y al respecto nos dice que la tierra no tiene valor, por lo tanto no debería tener un precio, pero este último se “construye” a través de un mecanismo al que se denomina “capitalización de la renta”. El concepto nos explica que los propietarios de la tierra, a través de su control jurídico sobre el suelo (propiedad privada), bajo ciertas circunstancias y en complicidad con un “Estado de derecho” están en capacidad de capturar parte del valor generado en los procesos productivos que requieren del suelo para su operación. Entonces, en el sistema capitalista el precio del suelo es el derecho a percibir una renta periódica por el simple hecho de ser dueño.

 

  Al alquilar una casa toda la ganancia que se pierde el dueño de los futuros beneficios que brinda la tierra, no la pierde, sino que por ser su dueño (y aunque no la trabaje o habite) merece una porción de los beneficios, esta porción es la renta de la tierra. Pero ¿qué hay de una ciudad? Si vamos al caso, en la ciudad no se produce riquezas del tipo agrícola, se producen personas ¿Será que la renta que se paga en la ciudad es por obtener el beneficio de habitar en ella? ¿Por formarnos como ciudadanos distintivos? Y en todo caso ¿tiene valor porque el dueño de la parcela pierde la oportunidad de vivir en ella? Podría afirmarse que otra vez juega la sacrosanta propiedad privada y el derecho de posesión por sobre todas las cosas. Mientras el Estado no genere mecanismos redistributivos de renta urbana con políticas específicas o regule el mercado inmobiliario, el valor del suelo aumentará cada vez más y como en la antigüedad, nosotros, los humanos volveremos a habitar las cavernas.

 

 

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