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"EL RELATO SE COMPLETA EN LA CABEZA DEL LECTOR", SAMANTA SCHEWLIN

Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) es, en esencia, una cuentista. Se nota incluso en su novela Distancia de rescate (2014) por cuya traducción al inglés el año pasado fue nominada al Premio Man Booker International junto a varios candidatos al premio Nobel. De hecho, en alguna entrevista contó que esa novela surgió de la imposibilidad de narrar la historia dentro de los límites del cuento. Por ello, la novela es breve, intensa y vertiginosa. La atmósfera inquietante que se respira desde las primeras líneas nos sumerge en una historia donde lo mundano de unas vacaciones de campo se entremezcla con lo inesperado, lo siniestro y lo fantástico.

 

 

El cuento goza de una gran trayectoria en nuestra región, sobre todo el cuento fantástico. Todos los grandes escritores rioplatenses lo practicaron: desde Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga a Felisberto Hernández y Borges, cada uno con sus singularidades. Más tarde, mientras en el resto de Latinoamérica se propagaba lo real-maravilloso y el realismo mágico en novelas que experimentaron con nuevas técnicas narrativas, en el Río de La Plata el cuento fantástico sumaría los aportes de Cortázar, Bioy Casares y Silvina Ocampo, entre otros. Samanta Schweblin se enmarca en esa tradición.

 

Sin embargo, sus mayores influencias estilísticas se encuentran en los grandes cuentistas norteamericanos que depuraron su estilo a fuerza de limitaciones impuestas por las revistas en las que publicaban a mediados del siglo XX. Entre ellos podemos mencionar a John Cheever y Raymond Carver. Schweblin sigue la línea de lo que Hemingway llamó Teoría del iceberg, donde lo omitido es tan importante como lo que está escrito. En una entrevista, Samanta sentenció: “Un relato no se escribe del todo en el papel, sino que se completa en la cabeza del lector”. Esto lo lleva a la práctica en todos sus cuentos.

 

Por eso, la obra de Schweblin contradice aquello que Borges creía: que todo escritor comienza siendo barroco para luego, con el tiempo, llegar a un estilo escueto en el que se esconde una "modesta y secreta complejidad”. En El núcleo del disturbio (2002) y Pájaros en la boca (2009), sus primeros libros, ya se encuentra el estilo lúcido que sólo se logra con el rigor de múltiples correcciones en las que se despoja al cuento de lo superfluo. Ambos libros fueron galardonados: por el primero ganó el premio del Fondo Nacional de las Artes en 2001 y por el segundo libro obtuvo el Premio Casa de las Américas de 2008.

 

Estos cuentos de Samanta sólo son disfrutables si como lector/a se es capaz de prescindir de certezas que anclen el sentido; tienen mucho del absurdo y el existencialismo kafkiano. Las atmósferas inquietantes y opresivas de cada cuento logran transmitir aquello que los personajes sienten, y en muchos casos, padecen. Lo omitido en muchas ocasiones juega un papel protagónico, es aquello que provoca esa sensación de incertidumbre que nos acompaña hasta el final, un final muchas veces abierto y desconcertante.

 

En los relatos que conforman Siete casas vacías (2015) imperan los vínculos familiares y las relaciones de pareja, trastornadas por alguna situación absurda o insólita, que funciona como disparador o nudo de las historias. Los personajes tienen alguna patología u obsesión que los aparta de la norma, aunque el escenario de la narración sea una realidad cotidiana reconocible. El libro ganó el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero. Además, el cuento Un hombre sin suerte obtuvo el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo 2012.

 

Pero la literatura de Schweblin no es sólo ficción descontextualizada, l'art pour l'art –y bien podría serlo–, también encontramos cuestiones políticas y sociales de forma implícita: la contaminación con agroquímicos en los campos y sus consecuencias en las poblaciones aledañas (Distancia de rescate), la discusión sobre el aborto (Conservas), las violaciones (Adeliana), etc., atraviesan varios de sus textos. Otro como La furia de las pestes recuerda al realismo mágico de García Márquez, donde lo mágico está acompañado de una crítica a la desigualdad social.

 

Samanta Schweblin estudió la carrera Diseño de Imagen y Sonido de la UBA. Según sus dichos, le fue muy útil a la hora de pensar qué escena poner o sacar en sus textos y por qué si una escena es la más importante es necesario que se la deje afuera. Pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia en Hurlingham; luego vivió en México, Italia y China, pero hace ya varios años reside en Berlín (Alemania). Además de los diversos premios obtenidos, sus libros han sido traducidos a más de veinte idiomas.

 

En 2017, basada en su cuento homónimo, se estrenó en los cines «La valija de Benavidez». Con un elenco encabezado por Norma Aleandro y Jorge Marrale, fue dirigida por Laura Casabe, con guión de Lisandro Bera. Además, la película cuenta con la fotografía de Mariano Suárez y la música de Gillespi.

También el año pasado, Páginas de Espuma editó como libro su relato La respiración cavernaria con ilustraciones de la pintora Duna Rolando, vecina de Samanta en Berlín. A fines de marzo reeditó Pájaros en la boca y otros cuentos, que incluye dos inéditos y algunos de El núcleo del disturbio.

 

 

En la actualidad, aparte de impartir talleres literarios, se encuentra trabajando en la escritura de una nueva novela, esta vez con más personajes y de más largo aliento, es decir, por fuera de su zona de confort y de lo que nos tiene acostumbrados. La esperamos con ansias.

 

 

Mauricio Galván

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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