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EL FIN DEL TEATRO

Entrevista con el director del Teatro de las Ollas, Jorge Paladino. Repasamos su historia de médico, su militancia desde las tablas. Conversamos sobre sus nuevos proyectos y la situación actual del teatro independiente en el conurbano.

 

 

  La historia teatral de Jorge Paladino es particular. Empieza en 1985, cuando el gobierno de una democracia todavía frágil no logra dominar la crisis económica. Empresas despiden trabajadores y el gobierno elige el lado empresarial. Las protestas no se hacen esperar, una de ellas culmina con la toma de la automotriz más grande de la Argentina: Ford.

 

  La toma de la planta une en la lucha a 3800 de los 4200 empleados. Un operario de la planta le comenta a un médico vecino que los clínicos de la fábrica no estaban dispuestos a acompañarlos. Ese médico era Jorge Paladino que decide acompañar la toma y atender los heridos de una inevitable represión.

 

  Aquella experiencia lo movilizó a escribir una obra de teatro: El cielo por asalto. La primera de una larga serie de piezas teatrales que abordan problemáticas sociales. Así surge el Teatro de las Ollas, el grupo con el que construye su obra dramatúrgica que reconoce como su obra militante, social y política desde hace veintidós años. Desde sus comienzos en el centro cultural la Caldera, en Muñiz, hasta su producción nómade de hoy que los lleva a recorrer el conurbano, han puesto en escena once obras de las quince que llevan escritas.

 

  Paladino habla de sentirse útil con el teatro, no es un partidario del arte por el arte. El teatro es concebido por él como una herramienta de reconocimiento y encuentro, de las luchas y de las personas que dan esas luchas.  Tomar personajes de la realidad y trasladarlos a las tablas le impone un desafío doble. De hacer una historia honesta con los hechos, que permita ese reconocimiento, y de hacer una historia interesante para el espectador. Paladino no busca una espectacularización de la lucha, sino elevar al luchador a todo su esplendor.

 

  En 2012 estrenó Kraft, la obra basada en la ocupación de la ex Terrabusi, en una cooperativa cercana a la fábrica. Recuerda con alegría cómo fue entregar a los obreros la historia que ellos habían protagonizado. Las risas en las escenas en que los gerentes son ridiculizados, el aplauso generalizado cuando se ataca a los jueces que quieren bardear la causa.

Paladino fue médico del hospital Castex, durante treinta años, en la terapia intensiva. Ahora trabaja en forma ad honorem en el consejo consultivo. Esto se permea en una analogía que hace al estrenar una obra, donde hay que “tomar el pulso” en base a la reacción de la audiencia.

 

¿Por que tu obra no trata temas médicos?

  • No es que no trate esos temas. Yo escribí Hora de visitas, que se desarrolla en un hospital, pero no pude desatarla de la lucha de los jubilados. Cuando trabajaba en el hospital, veía que internabamos afiliados de PAMI, y un día veo una manifestación de jubilados, y no podía creer cómo los policías les pegaban a los viejos. Era algo intolerable. Y en el hospital vivía la cara de los jubilados que se entregaban, los que no podían luchar más, los que se dejaban morir. Es una historia que busca mostrar esas caras derrotadas por las penurias que vivían y como con la ayuda de enfermeras, inspiradas en gente que yo conocí, el jubilado vuelve a la lucha. Pero nunca hice obras de historias médicas.

En La otra mitad del cielo, que aborda una historia de trata, y en El amor viene después, que cuenta la historia de una toma de tierras, la figura tiene mucha presencia como símbolo: ¿qué te interesa resaltar?

  • En mis obras la presencia de la mujer es muy fuerte, porque creo que tienen un coraje de la puta madre. La mujer tiene otra percepción, a la hora de combatir es distinta. En El amor viene después quisimos mostrar cómo la mujer fue punta de la toma de El triángulo, en Jujuy, del ingenio de Nélida Arrieta, como las mujeres dirigieron esa ocupación de tierras.
    Nosotros llevabamos La otra mitad del cielo a Jujuy, al encuentro nacional de mujeres, y ya que estaba cerca, me acerque unas semanas a conocer el asentamiento. Me maravillo escuchar a esas mujeres que peleaban para ocupar un pedazo de tierra de 8 x 15 con una carpa. Que trabajaban en un comedor para alimentar a ciento cincuenta personas. El texto de la obra sale literal del testimonio que me relataron.

¿Cómo sentís el teatro actual de la zona?

  • Tengo la sensación de que el teatro nuevo se centra mucho en el tema del espectáculo en vez de la reflexión. Sorprender, intimidar, confundir. Yo veo muchas obras cuando se estrenan trabajos de Ricci, los Guerra, Pellegrino, Armani, etc, voy a verlos. Yo respeto mucho, conozco el laburo que hacen y quiero mucho a sus creadores, pero siento que a mi esa experiencia me queda corta, busca ser un espectáculo pero no te deja enroscado, te entretiene un rato, pero la reflexión no excede la puerta del teatro. Excepto Anzuelo, que tiene una lectura sobre los hijos de desaparecidos, pero que tenés que estar politizado para hacerla. No digo que todas las obras tienen que tener eso, pero pareciera que las obras buscan sacarte de la realidad. El teatro tiene que cumplir con la función de divertir, pero no tiene que quedarse en divertir.

¿No crees que esa posibilidad de crear cosas que generan un entretenimiento en condiciones bastante adversas es una forma de resistencia?

  • Depende de lo que entiendas por resistencia. Por que si vas a hacer teatro para entretener te equivocaste de ramo, porque si queres resistir al sistema tenés que hacer otro tipo de teatro. El teatro que hacía Calderón era para acabar con la Contrarreforma de la Iglesia, parecía inocente pero no lo era. La tragedia griega permitía a la clase dominante darle al pueblo un lugar de descargo, para poder mantener el poder en los términos de siempre. El teatro siempre ha tenido una función social, a favor y en contra del sistema. Si vos queres resistir con las armas que muestren que el sistema es una cagada, que el futuro tiene que estar en manos de los que laburan todos los días. Pero si vos sólo te constreñís a generar miedo, sorpresa, desasosiego y nada más, no le hiciste nada al sistema. Resistir no es solo pasar penurias para producir, también es atacar, herir. Porque sino le haces un favor al sistema.

  El director y médico no quiere ser un atractivo más en la calle Corrientes, prefiere experiencias como las del Teatro del oprimido, de Augusto Boal, donde por medio de ejercicios de psicodrama una compañía teatral con un grupo de actores mínimo interactuaba con la comunidad para que el barrio tome conciencias de problemáticas directas que afectan a la comunidad.

 

¿Sentís que hay algún cambio en el rol del teatrero con el gobierno macrista?

  • No, ninguno, el gobierno es siempre un representante de las burguesías, eso con el gobierno macrista se potencia porque pone a los gerentes en los puestos de poder, pero con el teatro no se va a derrocar un gobierno, pero no por eso hay que dejarse usar por los gobiernos de turno, hay que tener claro el fin del teatro.

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