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EL DÍA DESPUÉS DEL 8M

"Hace 2 días que no duermo, estoy re manija", le dice Florencia de 20 años a su amiga. Muchas en la ida en el tren Urquiza cuentan que se despertaron varias veces a la noche, que a las 5 am. ya no podían dormir. A ese estado de ansiedad, emoción y alegría por lo que viviremos se lo llama manija feminista. 

 

Las calles conservadoras de la capital se transforman en territorio feminista, en fiesta, en libertad. La manada estaba junta una vez más. Pero esta vez la manada era mucho, mucho más grande. Algunas fuentes hablan de más de 800.000 mujeres unidas. El año anterior habíamos sido cerca de 300.000 pero la efervescencia militante y el “boca en boca” contando la verdadera fiesta feminista logró de un año a otro mínimo duplicar la manada.

 

 

Nos encontramos, nos abrazamos, cantamos todas juntas, las mujeres despedidas, las trabajadoras de la Economía Popular, las sindicalistas, las jóvenes, las jubiladas, las artistas, las docentes, las estudiantes, nosotras. Mujeres con gorros de brujas y carteles de “Bruja feminista” y la canción que cada vez es más cantada: “Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”. "Fuego a la violencia machista", dicen los afiches en las paredes. Las calles huelen por momentos a pólvora, esa bengala que se transforma de verde a roja en un segundo. 

 

Esa Plaza, esas calles, esos edificios donde reinó y suele reinar el patriarcado, lo conservador, lo facho, las transformamos en territorio feminista. La heteronorma era lo fuera de lugar. Libres, cantando, gritando, bailando, junto a hermanas de lucha. Nos miramos a los ojos, mucho tiempo, pensando que esto ya no es un sueño, que estamos juntas, que ahora sí nos ven.

 

Por un momento ayer me olvidé que nos gobierna Macri, dejé de tener miedo a que nos reprimieran, me olvidé de la represión de diciembre, de las corridas y de los policías. Eramos muchas, muchas, muchísimas. Imposible frenar esta marea. Es evidente que el "caos" no lo provocamos nosotras. Es evidente que si 800.000 mujeres pudimos hacer una movilización pacífica, los "disturbios" fueron siempre preparados y armados por y para las cámaras. 

 

La Plaza de Mayo estaba vallada siendo reparada por “máquinas trabajando”, como decía el cartel, aunque aquellos fuesen hombres. La histórica Plaza, donde se juntaron las abuelas, donde acampamos para que liberen a Milagro, donde tantas veces marchamos y tantas otras festejamos. No la pudimos ni pisar. Otro espacio más que nos saca el macrismo. Cerca de las vallas el móvil de C5N uno de los únicos medios masivos que hizo una cobertura especial durante la movilización, con respeto, con ética profesional y considerando lo aconteun reclamo muy legítimo. También TN lo cubrió hasta que las mujeres en la marcha cantamos Mauricio Macri la yuta que te parió. 

 

La marea se tiñó de verde. Aborto fue la palabra que más leí, que más escuché y que más apareció en los cuellos y gargantas. Mi pañuelo se lo dí a una chica en diciembre, cuando los gases no nos dejaban respirar. Ahora estoy en búsqueda de uno nuevo. La ola verde, protagonista y poderosa que arrastra al feminismo a la victoria y a creer que nuestros deseos son legítimos y a ponerlos en la agenda pública.

 

Sin dudas este año un tema central fue el rol de los hombres, si tenían que participar o no de la marcha. Otra vez, los hombres siendo protagonistas de nuestras luchas. Pasamos mucho tiempo debatiendo ese tema sin darnos cuenta que todo ese tiempo lo podríamos haber usado en organizarnos. La Asamblea organizativa tomó la decisión de que los hombres no debían ir, y se argumentó de muchas maneras. El hecho de cruzarte a un hombre que te violentó, el único día donde se supone que construimos un espacio seguro, no es bueno. Lo que en definitiva ocurrió fue que cada organización tomó la decisión que quiso y hasta algunas militaron la presencia de hombres en la movilización. Se podían ver muchos hombres, más que nada en las columnas de las comúnmente llamadas izquierdas trostkistas. Los hombres eran los que llevaban las banderas, los que se plantaban al frente de la organización y hasta pude ver casos de hombres mandando a sus compañeras. Por algo se decidió que no fueran, es nuestro tiempo de fortalecernos compañeras, de ser las protagonistas. "Opus dei, que facho que sos", fue la canción que primó entre las columnas de la izquierda, con el camión del sonido por delante. 

 

El hit de la marcha sin ninguna duda fue el tema que con el ritmo de Bella Chiao cantaba: "Macho chau, macho chau, macho chau, chau, chau". Obviamente La casa de Papel contribuyó a que nos gustara tanto este tema. Muy fuerte gritamos: "Nos tienen miedo porque no tenemos miedo" y tronaron las gargantas a medida que nos convencíamos de la frase al pronunciarla. También se escuchó mucho el supuesto hit del verano pero con perspectiva de género: "Mauricio Macri la yuta que te parió".  

 

 

El atuendo más elegido es: remera negra, pañuelo verde y short de jean, pero hay para todos los gustos y gustas. Los pañuelos cubriendo las tetas, tetas libres de corpiño, tetas libres de todo, una chala en cada pezón o cruces cubriéndolos. El público mayoritario somos jóvenas de 18 a 30 años. 

 

Me sorprende un hombre todo vestido de amarillo con un tubo de gas colgando en su espalda y con una chica en brazos. La Defensoría del Pueblo puso una carpa y socorristas para la marcha. Es la primera vez en mi historial de marchas que veo algo así, me hizo acordar a las salidas de algún recital. También ví a la ambulancia de CTEP con las caras del padre Mujica y del Che, pero esa es habitual para mí.  

 

Llegar a la Plaza de los 2 Congresos era un logro, un regalo de la vida. Tirarse en el pasto después de 5 o 6 horas paradas cantando, movilizando, dejando el cuerpo y la voz en el encuentro. Comer algo, tomar algo, y ver la plaza llena. Una utopía feminista hecha realidad. "Sentémosnos acá, cerca de la manada", dice una chica y se sienta al lado mío. Se me queda mirando, la miro, nos reímos. Pasa un pibe que vende cerveza. En su cuello cuelga el pañuelo de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. Me pregunto a mí misma hasta qué punto es real o una mera estrategia para que le compremos.

 

"Mi mamá está viniendo", dice Verónica de 23 años, "me dijo que me quedara acá en Congreso porque es imposible encontrarnos sino". Llega la madre, con remera de La Renga, pelo corto y saluda a toda la ronda. Ya son pasadas las 8 y la hija abraza a la madre, ella se reposa sobre su hombro con una felicidad que nunca podría ser expresada en palabras. 

 

Nos preguntamos ¿Qué queda de la multitudinaria movilización? ¿Qué nos queda hoy, un día después del 8M? Quedan las fotos de la fiesta, los grupos de whatsapp que florecen de amor, la manija del día después. Recordamos los momentos, nos reímos solas, volvemos a cantar las canciones en nuestras casas, en el bondi, en la calle, se las cantamos con toda la potencia al compañero, a la abuela, a la tía, volvemos a sonreír. La tarareamos en el trabajo. Nos queda la manija, el deseo de que pase más seguido, la alegría de haberlo vivido. El compartir fotos con las familiares que no fueron. El intento de convencerlas para el próximo año. El agua verde que cae de nuestros pelos al bañarnos. Brillos resistentes al agua. Brillo por fuera y por dentro. Brillamos. 

 

El año que viene cae viernes. Y nuestra misión es esa, arrimar cada vez a más mujeres al fogón y que las penas ardan, que el patriarcado arda. Llevar a la madre, la suegra, las amigas que todavía no van, las hijas o las nietas. Todas, todas juntas en esa marea feminista con la cual ya no hay vuelta atrás. Nos queda el argumento firme de saber que si no valemos produzcan sin nosotras. Y si no se entienden, haremos un Paro indefinido, para que de una buena vez se valoricen nuestros trabajos, los de producción y lo s de reproducción. Nos vamos de esa plaza con la certeza de saber que lo que vivimos es definitivamente un cambio de rumbo, una revolución feminista. 

 

 

 

 

 

 

 

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