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DOS GRANDES DE LA ECONOMÍA POPULAR SE ENCUENTRAN

Un encuentro muy esperado en donde se debatieron dos formas de entender la Economía Popular. José Luis Coraggio, profesor reconocido a nivel mundial por sus estudios de Economía Social/Popular Solidaria y Juan Grabois, del Movimiento de Trabajadores Excluidos y dirigente de la CTEP debatieron en un panel organizado por la Mesa de la Economía Social y autogestión de Fundación SES. El panel tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

 

 

En el Conversatorio "Tejiendo estrategias en escenarios de incertidumbre" también participaron Inés Arancibia (docente UNGS y EPPA) y Leandro Monk (FACTIC). Se debatió, entre otras cuestiones, sobre la caracterización y el futuro de la Economía Popular en Argentina.

 

Coraggio y Grabois coincidieron en la conceptualización del contexto actual, en las estrategias que se debería dar el sector y en los lineamientos de ciertas utopías. Con trayectorias distintas, ambos militantes de la Economía Popular, Social o Solidaria, se encontraron en un conversatorio, frente a cientos de jóvenes.

 

“El capital no necesita el 50 % de la fuerza de trabajo. Sobra población”, afirmó José Luis Coraggio y Juan Grabois manifestó estar totalmente de acuerdo. Caracterizaron la actual coyuntura como un momento muy complejo y peligroso porque el sistema global de acumulación del capital está desaforado, con una enorme capacidad de destruir sociedades y a la naturaleza.

 

José Luis Coraggio define a la Economía Popular como la economía de los trabajadores y trabajadoras, de aquellos que viven de su trabajo. Quienes vivieron de su trabajo y hoy están jubilados, de los que quisieran vivir del trabajo, como potencial y de los que efectivamente lo hacen. El profesor reconoce a la Economía Popular y al rol central del trabajo como el modo de integración a la sociedad. Es allí que se diferencia de la visión de la economía popular como sector “informal”. Es decir, es una visión amplia que se postula en el nivel de lo sistémico.

 

El profesor Coraggio afirmó que esta forma de entender la economía la pensó en Nicaragua, en 1981, en plena revolución sandinista. La revolución había sido hecha por campesinos y sectores urbanos informales y sin embargo algunos sectores de dirección revolucionaria no entendían la subjetividad campesina queriendo, por ejemplo, imponerles la cooperativización. Marcó como un gran error el no reconocer las propias formas de organización, las prácticas, creencias y valores de quienes en un principio habían hecho la revolución y luego se opusieron hasta que ese error fue subsanado.

 

En esa misma línea, Juan Grabois propone que la organización tiene que estar vinculada a la realidad de los sectores populares. Afirmó que “no va más tratar de adaptar las formas organizativas a la realidad, eso hace que fracasen proyectos muy bien intencionados”, porque se les trata de imponer a los sectores populares formas que nada tienen que ver con su cultura, su lenguaje. En este sentido criticó la forma cooperativa, que para “mis compañeros y compañeras es una cuenta en el banco y un cuit”, afirmó el dirigente.

 

Por otra parte, Juan Grabois expone que quienes entraron a la Economía Popular lo hicieron como una práctica de resistencia económica a la exclusión. Es decir, si bien manifestó estar de acuerdo con Coraggio en cuanto al planteo del reconocimiento de la clase trabajadora, manifestó la necesidad de una opción preferencial por los pobres. "Todo el movimiento que trabaja en la Economía Popular, que no es solamente la CTEP y los movimientos populares, creo que tiene que hacer una fuerte acción por los pobres en todos sentidos: priorizar la construcción en los sectores más sumergidos de la población y priorizar la visibilización de estos sectores".  

 

En base a las urgencias actuales de las mayorías de la sociedad José Luis sostuvo:"Hay sin duda que atender a la emergencia que no puede ser pospuesta pensando en grandes proyectos a largo plazo, pero superando el pragmatismo inmediatista que reproduce el mismo sistema que nos excluye".

 

La principal diferencia se plasma por las distintas dimensiones y escalas en la que piensan la potencialidad de la Economía Popular. Mientras Coraggio piensa en un cambio sistémico, donde la Economía Popular realice un salto a formas en donde la solidaridad sea el eje central de las relaciones; Grabois está pensando a nivel micro y meso, en base a necesidades urgentes a resolver. 

 

Ambos coinciden en contribuir al reconocimiento de quienes integran esta economía en tanto trabajadoras y trabajadores. Expresaron una fuerte ausencia en la autopercepción en cuanto a sujetos trabajadores.

 

También se encuentran al pensar el rol que ocupó el Estado en los períodos de gobierno de los últimos años en Latinoamérica. Ambos hicieron hincapié en el poco reconocimiento que hubo en el anterior gobierno al sector. Grabois afirmó que ciertos funcionarios "no podían aceptar la mera idea de que fueran trabajadores; entonces eran monotributistas, microemprendedores, recibían un beneficio y eran titular de derecho en tanto pobre".

 

José Luis también se preguntó qué hicieron los gobiernos nacional-populares, progresistas o de de izquierda del siglo XXI con la Economía Popular. Sostuvo que mientras en Ecuador, Venezuela y Bolivia la Economía Popular ocupó un rol central en la propuesta de transformación, lo que implicó que esté presente en sus nuevas Constituciones, en los otros países como Argentina, no fue reconocida como una potencia que hacía falta para el desarrollo de la sociedad en su conjunto, como una fuerza productiva. El profesor afirma que la Economía Popular "fue vista como micro emprendimientos asociativos o para ayudarles a insertarse en el mercado". Sin embargo, afirmó que hubo muchas políticas de redistribución de la renta internacional, pero cuestionó lo que sucedería al acabarse la renta internacional, basado en un mecanismo de integración por el consumo que se convirtió en una fuente frágil de legitimidad de esos gobiernos.

 

Para explicar tal comportamiento de ciertos funcionarios, el dirigente de la CTEP aludió a que "el problema de fondo era la fe, la creencia irracional en el capital y el fetichismo del Estado, es decir, que el Estado y las políticas iban a permitir este proceso de inclusión en el mercado laboral y que seguíamos viviendo en la época de Perón en que el pleno empleo y la sindicalización eran la fórmula para la justicia social".

 

Por último, además de caracterizar y analizar Coraggio presentó la propuesta de la Economía Social/Popular Solidaria: 

 

"La visión que proponemos nosotros es plantear la solidaridad, la organicidad y el trabajo autogestionado asociado a nivel micro y nivel meso. Asociarse para producir, vender y comprar. Desarrollar mutuales de servicio público. La articulación es una palabra clave desde el inicio del proyecto. Podemos no tener que esperar y armar cadenas de producción y comercialización y no a medida que va apareciendo el problema. Sostenemos la visión de articulación que piensa en términos de complementariedad y no en términos de competencia.  Alentamos la reciprocidad. La complejidad es clave. Si vamos a una feria encontramos productos muy simples. No hay ninguna razón de por qué la Economía Social no puede ser compleja".

 

Juan Grabois también realizó una propuesta para seguir construyendo poder popular y lo organizó en 5 puntos (las descripciones son sus palabras): 

 

1) Unidad. Tiene que ver con el número. El capital tiene la plata, los estados las armas y los trabajadores el número. Accionar masivamente para la redistribución y la recuperación.

 

2) Organización. La organización tiene que estar vinculada a la realidad de los sectores populares. Lo que no va es tratar de adaptar las formas organizativas a la realidad. Eso hace que fracasen proyectos muy bien intencionados. Se les tratan de imponer a los sectores populares formas que nada tienen que ver con su cultura, su lenguaje. Como por ejemplo la forma cooperativa, que para mis compañeros y compañeras es una cuenta en el banco y un cuit.  La esencia de un laburo comunitario tiene que ver con repartir la plata equitativamente, que puedan opinar y participar, que los medios de producción no sean de nadie. Esas cosas no están en la cultura popular y no tienen por qué estarlo.

 

3) Consciencia. Capacidad de comprender qué estamos haciendo, qué está pasando y hacia dónde vamos. Quién es el compañero que entiende lo que está haciendo ahí y cuál no comprende del todo lo que estamos haciendo. Eso pasa por el clientelismo que tenemos que dejar de hacer.

 

4) Mística. Eso se ve en las columnas. No es lo mismo una organización donde existe una ética colectiva que al que se lleva un peso de más se le corta la mano, o se lo comprende en una situación particular, pero no da lo mismo todo.

 

5) Movilización. Si te quedás en tu casa no vas a resolver nada. Flaco favor se le hizo al gobierno anterior no haber movilizado 20 veces más.

 

Ambos terminaron sus exposiciones con líneas a futuro. "Estamos frente a una crisis y una oportunidad", sostuvo Grabois, "la crisis todos la sentimos, es escandaloso lo que pasa. 34% de pobres según la UCA, más frula en los barrios de lo que hubo nunca, y tampoco no veo que los argentinos estemos muy unidos". Pero sostiene que hay una oportunidad:

 

"Yo estoy convencido que en 2019 va a haber un proceso de movilización social y política para desalojar a estos saqueadores de la casa rosada con el voto popular. Pero la oportunidad radica en que la invisibilización de la Economía Popular, del gravísimo problema de la exclusión urbana, de los más de 4500 barrios populares, del problema de la concentración de la tierra. Para que todo esto sea una prioridad nacional y el Estado ponga lo que hay que poner. Y ahí estoy convencido en que nuestro rol es decirles “no te olvides de nuevo de este sector” es una tarea fundamental y tenemos muchas posibilidades de éxito", Juan Grabois.

 

"¿Todo esto es una utopía?", se autopregunta Coraggio. Y la respuesta fue: "Es un camino con una orientación determinada, pero no tenemos un sistema institucional listo para implementar como cuando se creía que el socialismo era la solución al capitalismo. Es una heterotopía. Hay un elemento colectivo fundamental. Ojalá este tipo de consideraciones no parezcan extrañas y puedan ser tenidas en cuenta a la hora de pensar los proyectos colectivos".

 

 

 

 

Mercedes García

 

 

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