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CRECER EN LA CRISIS

Regreso de la democracia. Alfonsín al poder. Milicos presos. Corridas militares y bancarias. Caja PAN. Híperinflación. Conurbano y José C. Paz ¿Cómo sobrevivió la generación de la democracia al mundo de los 80 en los barrios del Conurbano? Sensaciones encontradas desde la niñez, nos forman como ciudadanos conscientes de un pasado de lucha. Y si el pasado fue de lucha… el presente nos reencuentra… el futuro ¿será nuestro?

 

En 1989 a los 9 años descubrí que vivía en el Conurbano, la televisión mencionaba mucho esa palabra. Mi vocabulario se llenó de palabras políticas como: crisis, bandos, saqueos, caja PAN, olla popular, grupo Halcón (División Especial de Seguridad Halcón), los otros, los pobres.

 

Para una niña de 9 años que vivía sola con su mamá, todo ese movimiento resultaba hasta entretenido; la gente en la calle, las discusiones, el olor a fuego, entre otras cosas. Mis propios recuerdos me llevan a diferentes sensaciones, las más fuertes son el aroma a tortillas echas al rescoldo, la leche en polvo de la caja PAN que no me gustaba porque se hacía grumos, entonces mi mamá con mucha paciencia colaba y endulzaba para mí. Recuerdo también la vecina que tenía muchos hijos, en el medio del patio calentaba a leña una enorme olla, negra de hollín, parecía un grabado de Goya y ella con una enorme cuchara de madera revolvía como una bruja ahuyentando los espíritus de la pobreza. El sabor de esa leche es inolvidable, obviamente no era como la que tomaba en casa y tampoco como la leche en polvo de la caja PAN.

 

Por aquellos días salía a caminar con mi mamá quien como si fuera un juego me decía, -cuando veas una ramita la juntas- traíamos muchas ramas a casa para hacer la comida cuando no alcanzaba para comprar la garrafa de gas. La parrillita estaba en el suelo al lado de un enorme pino que había en el fondo de mi casa, la imagen es muy Francis Malman pero en los 80, en un barrio de José C. Paz llamado Parque Jardín.

 

El día que empezaron los saqueos caminábamos con mi mama por el barrio y comenzamos a notar corridas. Los vecinos advertían que se acercaba el grupo Halcón, que venían en micros y que levantaban a cualquiera. Había que correr o esconderse. Si salías tenías que ponerte un brazalete para no ser confundido con un saqueador, aunque algunos decían que no servía, para ellos todos éramos sospechosos. La paradoja de aquel día es que terminamos en lo de doña María, en ese momento en esa casa había una reunión. Doña María era militante comunista. Esa casa era un mar de gente hablando muy fuerte. Esperamos un rato y nos fuimos agradeciendo la hospitalidad.

 

También aquel día descubrí la palabra Molotov, porque los comerciantes del barrio armaban bombas caceras y desde arriba de los techos de sus comercios se quedaban custodiando la llegada de los saqueadores. Vecinos, comerciantes y saqueadores se confundían, se entremezclaban en un barrio donde las distancias de clase social eran prácticamente nulas ante la crisis.

 

Ese mismo año me llevaron al Hospital Odontológico en Capital Federal. Yo le relataba al doctor lo que estaba pasando, entonces llamó a otros doctores para que les cuente, recuerdo que dijo algo así como -esta nena viene de José C. Paz-. Los doctores me escucharon con mucha atención, evidentemente del otro lado de la General Paz había empezado a emerger otro mundo que daba cuenta de las políticas neoliberales iniciadas durante la última Dictadura.

 

La Historia nos cuenta que la crisis del 89 fue producto del fracaso del Plan Austral, que Alfonsín intento frenar la inflación pero no pudo, que sufrió el ataque de los grupos empresarios y del partido justicialista que había recuperado fuerzas, sobre todo en el conurbano bonaerense que lideraba el zabeca de Banfield ( apodo que descubrí hace poco, está en google!). Parece también que a Alfonsín no le alcanzó con la democracia, ya que evidentemente con la democracia no se come, no se cura y no se educa o por lo menos, no lo hace por sí sola sin una cuota importante de redistribución económica o en términos peronistas de “justicia social”.

 

Los pobres aparecen en el 89 en la escena principal. Aparecen también nuevas formas de lucha, acciones colectivas que cobran una fuerte simbología política en tal coyuntura. Como los saqueos y las ollas populares. La olla, ese utensilio doméstico, privado, se hace grande en tamaño y sale de la cocina para ir al patio o a la esquina para alimentar a muches ( diríamos hoy! Ya puse agregar a diccionario).

 

¿Qué me dejo a mí esa experiencia de infancia además de una peculiar atracción por el fuego? un gusto irracional por las manifestaciones populares de todos los colores. La gente fuera de su casa me pone la piel de pollo, en una murga, en una feria, en una procesión o en una marcha. Me parece que la política se enriquece cuando la gente abandona como dice Silvio Rodríguez “la casa y el sillón” será que uno se anima a soñar que “la era está pariendo un corazón” ( me puse sesentista, no! Imposible nací en 1980).

 

 

Carolina Encino

Prof. Historia

 

 

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