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COMO EN LAS MIL Y UNA NOCHES

Un día como hoy, cuando el sol transitaba por la casa de Júpiter (son medidas astrológicas que identifican a los calendarios) hace mucho, mucho tiempo. Un saaluk, es decir un hombre de una casta inferior, caminaba con su hacha al hombro, en busca de leña para vender por medio denario, salario casi suficiente para la ración diaria de su familia. Debía caminar cada vez más, la gran demanda de leña (principal fuente de energía en ese momento) por parte de la gran ciudad hacía que los bosques se alejaran y cedieran terreno para no recuperarse. A las cinco horas de marcha, cansado el hombre, se sentó a descansar sobre una piedra, levanto su vista para ver cuán lejos se asomaban los primeros árboles y vio además el cielo. En él unas nubes conformaron unas letras, unos símbolos, como el hombre era semianalfabeto, le costó nombrar esos símbolos y para poder descifrarlo mejor las pronuncio en voz alta. En ese momento ante las palabras mágicas (había encontrado un password) una piedra se abrió y le mostró la entrada a una cueva iluminada. Por Ala, el todopoderoso, exclamo el hombre y marcho a su interior, se encontró con un hombre viejísimo, sentado al costado de una gran pipa de agua con su respectivo contenido de opio, al que cada tanto daba un pico. Bienvenido dijo el viejo, ¿Cómo has podido entrar? El saaluk contó lo sucedido y el viejo le dijo: Ala ha sido generoso contigo, esta cueva contiene el más grande tesoro que puedas imaginar y puedes tomar parte o todo de él. Nuestro compañero de clase, se inclinó emocionado y con las manos apretadas agradeció al todopoderoso, sabia por relatos del folclore local que estas cosas sucedían, pero nunca pensó que le pasaran a personas tan insignificante como él, pensó en su gran familia, tanto en sus hijos y esposa, como sus padres, ya que él los alimentaba, cuando podía. Se levantó y miro al interior de la cueva, pero esta estaba vacía, no había ni una miserable moneda, ni las del bicentenario. Mira al viejo y le pregunta, ¿a qué tesoro te refieres, aquí no hay nada, solo tu y tu pipa de agua? – No, no. No es así, lo que más deseas, sin pensarlo, sin razonarlo, debes imaginarlo y esto ocurrirá. De pronto se sintió un temblor en la tierra, que los movió y tiro al suelo a los dos.

 

En la cueva no había aparecido nada, pero al girar y mirar hacia fuera, vio el hombre un enorme bosque que brotaba con prisa y se extendía hacia la ciudad, con árboles a punto de ser hachados y alborotadas las liebres saltaban de un lado para otro, al igual que los chanchos salvajes que olían a estofados. El saaluk estaba feliz, había llevado el trabajo a casa, ahora para poder podar un árbol debía llegar solo a la vereda. Sin las cinco horas de marcha de ida y las cinco de vuelta. –Ahí tienes tu tesoro, ahora márchate que la cueva se cerrará, dijo el viejo.

 

Solo dos días después el saaluk se dio cuenta que la leña había perdido su valor comercial, ya que cualquiera la podía obtener y la plaga de liebres y chanchos duró apenas quince días dada la indiscriminada caza que ejerció la población. Su mala memoria se llevó la clave de entrada a la cueva y si bien iba cada tanto y se paraba frente a ella y tiraba letras a ver si la embocaba,  nada sucedía y el saaluk estaba como antes o peor, ya que no podía obtener dinero y las liebres embutidas llegaron a su fin.

Abatido junto a un tronco caído estaba El hombre, una tarde de mucho calor, cuando se le apareció el viejo pipero. -Hay saaluk, tu buen corazón te ha traicionado, pero también te ha bendecido, por no ser mezquino puedes imaginar  otro tesoro, pero sin razonar ni pensarlo mucho. – Sabes anciano, estuve pensando, este bosque sin agua se secará, no tiene ría que la cruce y fertilice su suelo, es muy bonito y pronto se apagará, yo ya encontraré trabajo, pero el bosque se morirá, sería bueno un gran río con muchos peces. No había terminado de hablar cuando la tierra tembló de nuevo y un estrepitoso ruido casi los deja sordos y en hermoso cauce de agua atravesó el bosque. El saaluk se alegró y se olvidó de su estómago vacío por un momento y le dijo al viejo: -Salvamos el bosque.

El viejo le dijo, - Así es hombre de baja casta, me sigues sorprendiendo con tus tesoros, pero que comerás esta noche. –No se, tal vez hierva algunas raíces. –Porque no pruebas con pescar. –Si, así lo haré y si Ala me ayuda podré obtener buena pesca. El anciano sonríe y le dice, -hazte una jabalina de madera y pesca donde yo te indique. Fueron hasta la orilla y el viejo señala un gran pez  que estaba cerca de la superficie y el saaluk lo atravesó como churrasco de croto. Pensó que era suficiente para toda su familia. A la noche, al abrirlo para limpiarlo, el saaluk quedo con los ojos abiertos de gran sorpresa, salían monedas de oro y no paraban de caer de la entrañas del pescado, como si fuera una gran alcancía que acababa de romper. Así todas las penurias de su familia llegaban a su fin. Agradecieron a Ala, el todopoderoso, que sabe compensar a los justo de corazón y comieron el pez del nuevo río.

 

Mis queridos paisanos, los deseos de la gente descastada, de buen corazón, como el saaluk,  siempre tienden al bien general por sobre el bien individual y a pesar de los estómagos vacíos preferirán un río que fertilice lo estéril. Es mi deseo que sigan por el buen camino, Ala el todo poderoso sabe compensar a los justos de corazón.

 

 

Luis Daniel Godoy

 

 

 

 

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