CARNAVAL TODA LA VIDA

El Conurbano tiene ese no sé qué 

 

Veníamos tarde, de un lugar cercano al Conurbano, nos damos cuenta que estamos próximos a llegar porque la autopista se ilumina, las gigantografias al costado de la ruta se multiplican, los edificios surgen del suelo y se elevan hasta 8 pisos. Pero no es el centro ¿donde está el obelisco? Se debe preguntar aquel que viene por primera vez a estas tierras, faltan unos 35 km todavía.

 

Bajamos de la autopista. Primer indicio que me dice que estoy en casa, que estamos en el Conurbano: 3 pizzas de muza por $250. Segundo indicio: una iglesia evangelista bajando las persianas y otra a unas cuadras recibiendo a sus feligreses.

 

La desigualdad ante todo en nuestro territorio: el borde de uno de los countrys más grandes de la región amuralla la calle, divide lo popular de lo exclusivo. Eso es Conurbano también. De todas formas en el aire se siente el sabor popular que surge de un pueblo cansado. No existen barreras para el viento. El pueblo invita, está en une ir o no ir, que para algunes esa debe ser la cuestión. Nosotres fuimos.

 

Humane precabide vale por dos

 

Pasamos unos cuantos semáforos no sincronizados, una rotonda, el peligro de que te choquen en una ruta alborotada. Las calles se hacen más angostas, doblamos una vez, otra vez y otra vez hasta que llegamos a una vía de tren, un paso nivel con las barreras bajas. Ahí me di cuenta que cambiaron de lugar la estación de Polvorines y montaron unos peligrosos e improvisados andenes. Una vez que pasa el tren, lo siguen los peatones despistados y por último los vehículos. Por dentro pensaba dos cosas: "acá deberían hacer un túnel", la otra y viendo la cantidad de autos circulando "donde #@#$&@ vamos a estacionar". Cruzamos las vías y el giro a la derecha estaba prohibido. Pero de repente un joven con un chaleco fluorescente, ante mi asombro, nos hace seña y nos invita a pasar entre unas vallas. Bien señalizado y con letras enormes, un cartel que nos dice ¡estacionamiento! Quueee (asombrados) no  pudimos creer el grado de organización en una fiesta popular en nuestra región. En menos de 5 minutos bajamos del auto. 

 

Ritmo y espuma

 

Caminamos por el predio que funcionó como estacionamiento, a simple vista puedo decir que había alrededor de 2000 autos, quizás más. A medida que nos acercamos, la temperatura aumenta, los tambores de la murgas se escuchan más fuertes y el sabor popular se impregna en nuestra carne.

 

 

Miles de niñes, adultes y ancianos festejando en familia el carnaval. Esa fiesta popular que la dictadura prohibió, que durante los ochentas y noventas fue olvidado, pero que por una desición política en un gobierno nacional y popular fue devuelto al pueblo. No sólo lo devolvió, sino que lo hizo feriado nacional.

 

Era el pueblo cansado y explotado festejando, porque a pesar de que poco a poco nos quitan la sonrisa, nos despellejan los bolsillos, nos mienten en nuestras caras, el pueblo festeja, no olvida que alguna vez fue feliz. Recuerda esos momentos de alegría.

 

Lo primero que vemos es la felicidad de la familia, sonrientes en una noche que se prestaba, disfrutan nuevamente una fiesta popular. Lo segundo que invade la escena son les ñiñes revoloteando con su arma de carnaval: la espuma. Ese envase de aerosol que contiene la felicidad y la malicia de las personas pequeñas y las no tan pequeñas. Atacándose, en trincheras, en grupos organizados unes contra otres, con ninguna intención de hacer el mal, sino con sólo la idea de divertirse. -¡Acá no queremos amargados!- gritan. Fiesta, diversión y si pasas por ahí te la tenes que aguantar a que te ataquen con una sonrisa. Los chicos tienen el don de detectar a gente aburrida, a esos la espuma iba entre ceja y ceja. Y el aburrido no se enoja, se ríe, le cambió la cara. Se olvidó de todo lo malo que nos pasa. Caminamos y en las 10 cuadras de corso la escena se repetía, niñes felices, pueblo sonriente, familias disfrutando. 

 

Fuck tracks


Ya era tarde. Teníamos hambre. Como era el lugar de la familia no podían fallar mis padres. Odisea mediante y buena onda en todos lados, encontramos a mis viejos. Incrédulo uno, buscaba una parrillita con hamburguesa o chori. Nada de eso, nada de improvisación. Mi viejo nos lleva a un lugar que no estaba en los planes. Otra vez a caminar, pasamos por la feria de productores de la economía social y para mi asombro, uno al lado del otro, remolques hechos cocinas, food trucks a precios bien populares. Lo que quieras comer bien baratito. No eran 2 ni 3, nuevamente a ojo de pájaro calcule unos 200 puestos de comida, si 200! Y quizás me quede corto. A todo esto fila para comer en los 200 puestos. Se cortó la luz, en un gobierno nacional que nos dice que eso ya no pasa, pero no importa, los laburantes se hacen el mango igual. Alumbrados con celulares, seguían sin parar. Comí mi ansiada hamburguesa, una amiga se sumó y nos quiso deleitar con una birrita, pero saben que, no había. Estaba permitido pasarla bien sin alcohol y así fue para todes. 

 

Toda la vida

 

Todavía faltaba la comparsa principal de la noche, ya para esto habían pasado los Embajadores del ritmo de Grand Bourg, los demonios de Polvorines, y 11 murgas más de los barrios de Malvinas. Nuevamente solos, caminamos por el costado de las gradas. Sacamos fotos, nos reíamos de las batallas de espuma y volvimos al auto. Eran menos que cuando llegamos, pero muchos igual. No nos cobraron estacionamiento pero le dimos propina al joven que nos cuidó el auto. Llegamos extenuados y contentos a casa, donde aún el viento nos acercaba el sabor del carnaval. 

 

Desde casa escuchábamos que el animador que les ñiñes no le tiren espuma a Mari Mari, la famosa comparsa de Gualeguaychú.

 

Objetivamente 


El carnaval se realizó en el predio del palacio municipal del municipio de Malvinas Argentinas. La logística, organización y seguridad fueron realizadas por el gobierno municipal, encabezado por el intendente Leo Nardini. Calculo que entre los asistentes, organizadores, vendedores de la feria y food tracks, el personal de limpieza, seguridad y cuidado de vehículos y los miembros de las murgas, eramos al rededor de 50 mil personas, miles más, miles menos. Hubo polícias, personal de seguridad, pero sin lugar a dudas las familias disfrutando fueron el mayor indicio y la mejor garantía del disfrute en la tranquilidad. Un 10 a la organización, un 10 a la fiesta, un 10 al pueblo que festeja y es feliz entre tanta maldad que ojoz de zielo nos impone. 

 

#CarnavalEnMalvinas #CarnavalEnFamilia

 

 

 

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