• ohmio cheto222
  • Facebook - Ohmio.Revista
  • Instagram - Ohmio.Revista

BARCOS CHICOS, CASAS GRANDES

Recorrida por los pequeños pueblos de Francia y España desde el timón de Dulce Godoy. Sus experiencia con el Fest noz y con las comunidades de las massias catalanas. 

 

Septiembre fue un mes de trabajo de vida intensa con el capitán del barco. Como recordarán trabajo en un barco viajando por el mundo como tripulante para un señor que no puedo nombrar, por cuestiones de seguridad. El capitán, a diferencia del dueño, tiene una mente muy cerrada al punto de casi no poder convivir con él, con un montón de cualidades de persona poco feliz que describirlo es perder tiempo. Y yo, al contrario, feliz de la vida de poder hacer lo que me gusta y seguir conociendo Europa.

 

 

Decido recorrer un poco más de Francia y España. Pasé tiempo en Rennes, Bretaña, al noroeste de Francia. Estuve específicamente en Paimpol, un pueblo de marineros y pescadores. Allí la

 

gente aún conserva su lengua tradicional, sus bailes y festivales; como el “Fest noz”, donde todos bailan en la noche en círculos agarrados de su dedos menique! Las casas  son de piedras estilo celta, puertas chiquitas, porque la gente es chiquita aquí. Hace mucho frío y llueve mucho.

 

Recorrí a dedo distintos pueblos hasta que llegué a Finisterre que en bretón quiere decir el fin de la tierra, porque es el punto más al oeste de Francia, en el mapa parece como un dedo metido al mar. Fuimos a navegar con amigos, 7 personas en un barco de 8 metros., estaba un poco apretado y frío pero valió la pena conocer esa península del fin de la tierra francesa y con buenos vientos.

 

 

 Me parece muy loco como en un país tan chiquito cambia no solo el paisaje y clima, sino también el carácter y la cultura de la gente. Cada provincia tiene su personalidad y patriotismo.  Al noroeste los bretones, al centro los parisinos, al sur los de Marsella y así mucho más. Cada uno se personaliza con su comida tradicional y sin olvidar, el personaje principal, el queso, el pan y el vino. Realmente (perdón argentinos) es de lo mejor que probé, la variedad de quesos es bizarra, yo no imaginaba tanta variedad y claro no puedo olvidar el jamón de España. 

 

La verdad que llegar a Barcelona con sus 35ºC después  de los 17°C en Francia y tomarte una caña con un bocadillo (que así llaman al sándwich de jamón crudo y queso o solo jamón) es lo mejor que te puede pasar para resistir la manada de turistas que recorren estas calles  buscando gifts (regalos).

 

Pudiera hablar mucho más acerca de los catalanes con su sangre de revolución en las venas y su idioma tan bonito y único que es lo que lo diferencia de los españoles. Estuve con ellos en un pueblito que no me acuerdo el nombre pero si lo difícil de llegar, así como un tren de Barcelona hasta Sant Vicenç de Calders. Por puro destino y suerte, aquí perdí un tren, y tuve que ir 3 horas a la playa para hacer tiempo hasta el próximo tren a Valls. Ahí me vino a buscar mi amiga y su bebé Lua. Me llevó a su casa, a una  massia, que son casas gigantes bien antiguas abandonadas que antes se usaban para la agricultura y ya nadie vive ahí. Pueblos abandonados donde muchos jóvenes se reunieron con ganas de formar comunidades o simplemente alejarse de la ciudad y llevar otro estilo de vida, así tomaron o pidieron vivir en esas casas, las  reconstruyeron, instalaron agua, tienen gallinas y muchos huevos ¡Mucha gente linda! Su iniciativa es seguir con la vida agrícola recolectando frutales o haciendo huertos.

 

 

Ahora mi viaje va a continuar hacia América del Norte, al monstruo del capitalismo y el consumo donde ir a McDonald es casi como ir a misa, pero... voy a la mejor parte: a La República de California!

 

Ahí nos vemos amigos…

Please reload

ULTIMAS PUBLICACIONES
Please reload

ENTRADAS RELACIONADAS
Please reload