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WHAT THE FARRA?

Reseña de Farra de Ana Gurbanov y Virginia Leanza

 

Otra reseña donde la moraleja es “está buena, vayan a verla” y después todo spoilers. Con el plus de que la presentan este viernes, cerca.

 

Texto: Luis Segovia / fotos: Florencia Masjuan

Esto pasó. Un chabón medio pelado en la cabeza y muy peludo en todo lo demás (muuuuy peludo, re peludo), con un vestido largo y brillante que no le cierra ni le cubre bien, me mira a los ojos, tiene la mirada lagrimosa, manos suaves (lo sé porque me toma de la mano), magistralmente sus labios mimican la pronunciación de una frase de un hit emotivo, melodramático, exagerado, de los ochenta, frase que de ser pronunciada genera instintivamente las ansias de cantar todo la canción. Luego, la mano del actor hace un movimiento frágil imperceptible para soltarse. Todo es exageradamente emotivo. El otro actor rompe la cuarta pared y presenta a su compañero que deja de ser ese personaje y empieza a ser el actor con todos sus títulos y logros (“el actor argentino que la rompe con dubmash/ 3000 seguidores en instagram” por ejemplo), el público estalla en aplausos.

 

Esa es una escena de Farra, la obra de Ana Gurbanov y Virginia Leanza protagonizada por los actores Francisco Benvenuti y Andrés Granier que en un formato de zapping emocional y escénico construyen desde la danza un momento tan disfrutable como indescifrable.

 

En la escena anteriormente descrita ya se anticipan varias constantes de la obra, la yuxtaposición de momentos de emoción fuerte con escena absurdas, la musicalidad, la solución del conflicto por la comedia. Farra parece que te puede hacer llorar en cualquier momento, con anécdotas incómodas que apelan a memorias personales de deseos reprimidos pero también universales, o te asusta con que en cualquier momento se va todo al carajo y empiezan a garchar en el escenario, cosa que no pasa, ocurre una apoyada nomás, pero bien, con tacto, con buen gusto, divertido. Supongo que el sentimiento que tuve como espectador era de tensión y de diversión, de estar agarrado sin saber qué es lo que va a pasar. Esta incertidumbre es exacerbada por las actuaciones, que cargan de emotividad desorientadora cada una de las piezas que componen la obra. En otro blog, que escriben mejor, definieron la experiencia como “disfrutar como si pudieran escenificarse los sueños, los imposibles, lo no realizado“. Las autoras también hablan de esa represión que intenta expresarse, tiene definitivamente esa cosa de explosión múltiple liberadora.

 

Las directoras comentaron en una entrevista a BalletinDance.com  (un medio que analiza danza, palo del que ellas vienen) que el proyecto surge de una experimentación y deciden trabajar con actores, que en ese cruce de artes vecinas se forma una nueva corporeidad, donde la instrumentalidad del cuerpo en la actuación se pone en función de la abstracción de la danza. Y ponele que eso pasa, la abstracción es difícil de explicar pero la elocuencia de estos cuerpos da lugar a esa construcción de sentido indudable que resulta en el disfrute de la obra.

 

Los intérpretes hacen un despliegue de vello corporal y facial que suma bastante a la obra. Benvenuti con su pedóstache que resalta en las escenas donde se expone frágil, como un Teodoro de Her, y perverso en las que pide confianza, como otros. Granier que, como exponen en la obra, se hizo conocido por sus apariciones en Bendita-tv con su manejo de la sincronización vocal sobre clips audiovisuales, hace gala de ese arte y de sus cejas espesas y el abundante vello en el cuerpo. Dicen en varios lados que eso es un coso, una puesta en debate de los estereotipos, de los roles de género y de los cuerpos, que un actor use mal un vestido, que queden en cueros, no sé, es sutil, está, pero no es el eje. Desde la perspectiva productiva tenés dos mujeres que dirigen dos hombres, y en la entrevista antes citada comentan que la obra no funcionaba con bailarinas mujeres. Mauricio Kartún en una charla en UNGS señalaba cómo durante el siglo XX las mujeres no tenían roles dramatúrgicos o directivos. Se siente tan lejos eso, pero capaz haya ahí una clave de lectura que se me escapa.

 

La obra tiene una estructura donde se mueve en saltos aparentemente azarosos, pero manteniendo un espíritu único, en ese zapping emocional se logra hacer sintonía con el espectador entreteniendo y emocionando. Uno de los efectos medicinales de esta obra es lograr sacar completamente del mambo que el espectador cargue cuando entre.

 

Pensar el gran tema, esa idea, qué hay detrás de la obra es entretenido también e invita a revisitar la obra múltiples veces. Me veo ahora mirando el flyer, que muestra un fondo azul donde aparece FARRA en letras negras y un pescado abajo. Desde el diseño gráfico ya empieza esa desorientación, porque farra (la palabra) es irse de joda, y la obra tiene mucho de eso, pero también la palabra nombra una especie prima del salmón con el que eligieron ilustrar sus flyers, un pez que va en contra de la corriente, y también es Farrah, con h, esa ángel de Charly que también es un poster emblemático y cada momento de la obra es tan de poster.

 

Ahora, el viernes 5 de octubre la obra se presenta en el Multiespacio Cultural de la Universidad de General Sarmiento, en el marco de el Ciclo Marejadas que se realizará durante los meses de Octubre y Noviembre, donde también tendrán lugar las obras Lobo, te amo, y Coreomanía, no puedo parar. Las funciones son gratuitas, con reserva previa completando el siguiente formulario:  https://bit.ly/2NAITWg . Vayan.

 

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Ficha técnico artística

Dirección: Ana Gurbanov, Virginia Leanza

Actuación: Francisco Benvenuti, Andrés Granier

Diseño de vestuario: Mariela Maffioli

Diseño de luces: Fernando Berreta

Realización de escenografía: Leonardo Ruzzante

Diseño gráfico: Xerquet-Seijos

Asistencia de dirección: Tomás Trugman

 

 

 

 

 

 

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