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“SE UTILIZA LA EXCUSA DE LA TRATA PARA PERSEGUIR A TRABAJADORAS SEXUALES”

La Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) surge a fines de 1994 como manera de organizarse y dar respuesta, en un primer momento, a la persecución policial. Desde 1995 forman parte de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y desde allí vienen dando el debate sobre la prostitución como forma de trabajo. Sus integrantes, cuentan sobre sus trayectorias, sus experiencias y cómo definirse desde el trabajo sexual. 

¿Cómo se autodenominan a la hora de ejercer el trabajo sexual y qué sentimientos se les despierta esa definición?
Trabajadora sexual (TS)- Yo me denomino como trabajadora sexual, escort, puta. También depende del cliente, hay algunos que quizás le suena más chocante la palabra puta, entonces le decís escort. Pero en general, trabajadora sexual, puta feminista, aunque a otros clientes el feminismo les cause cierto rechazo. Particularmente, me denomino así ahora que prácticamente todo mi entorno lo sabe, no lo sabe todavía mi familia y estoy resguardándolo muy poco porque en las redes sociales ya habló como una puta. Y el sentimiento, es libertad, liberador, porque es asumir algo que yo siento que soy. 

 
Trabajadora sexual trans (TST)- En mi caso utilizo las denominaciones equivalentes y las históricas. No me molesta ninguna, incluso ramera, meretriz. Usaba mucho la palabra prostituta y la diferenciaba de puta pero hace un tiempo he cambiado y estoy usando la palabra puta. La palabra prostituta tiene toda una connotación con palabras derivadas que de alguna manera han deformado el tipo de trabajo que hacemos y ha sido apropiado por cierto sector anti prostitución. Puta es mucho más contundente, más linda y más
directa, puta es la que cobra, no la que tiene sexo gratis. La que tiene sexo gratis es una mujer libre. 

 
Trabajador sexual o “taxi boy” (TB)- Como decía mi compañera, depende del cliente, de donde me publicito, de qué imagen quiera dar. Puta y trabajador sexual lo pienso como una identidad política, es reivindicar la lucha colectiva. Cuando uno se renombra y toma esa identidad hay un empoderamiento y una liberación.
 

Pareciera que es muy amplio y muy subjetivo el acto de autodefinirse, entonces, ¿Hay alguna definición que no les guste? 


T.S- Sí, es muy amplio, de hecho tenemos muchas compañeras sexuales que no están politizadas y la palabra puta les resulta muy chocante. En mi caso no me genera ningún conflicto, pero hay compañeras que sí y eso se respeta. 

 
TST- Las putas que más cobran son chicas que tienen título universitario, manejan tres idiomas y a ellas no le decís puta o prostituta, son escort o acompañante. Cotizan en dólares y muy bien. Pero siempre respetamos la denominación de cada compañera. Generalmente, esas compañeras se invisibilizan porque si fuesen visibles como otras trabajadoras sexuales perderían dinero, dejarían de ser la conquista de ese galán, empresario, ese actor, del potentado económico al cual acompañan. Las quitaría de ese mercado laboral. Jamás van a dar la cara y jamás van a ser visibles. 

 
¿Hay algún estereotipo físico a la hora de ofrecer el trabajo? 


TB- Vivimos en una sociedad donde hay unos parámetros de hegemonía físicos y estéticos en todo tipo de trabajo. Pero el mercado sexual es muy amplio y las corporalidades se pueden tomar como fetiches. O no. Es muy amplio el trabajo sexual, hay lugar para todes. Quizás una persona físicamente hegemónica tiene más privilegios. 

 
TST- Sin dudas, la trabajadora o el trabajador sexual que represente al modelo de belleza hegemónico va a conseguir una capacidad de seducción y por lo tanto de renta económica superior a la de aquella que se aleja de esos patrones. Eso no quiere decir que dentro del mercado sexual no haya una amplia variedad que incluye todo tipo de corporalidades desde las más delgadas a las más gorditas, incluso las más gordas. Hay chicas obesas que trabajan muy bien. Tampoco hay límite de edad, yo tengo 63 años y arranque después de los 50. Es una ficción que existe un mercado limitado, todo va a depender de cómo cada quien se mueva y cómo se vaya manejando, a qué mercado apunta, es un tema de target más que nada. Hay para todos los gustos y para todas las circunstancias. La trabajadora sexual que predomina en el mercado no representa al modelo hegemónico. 


¿Cómo se manejan con el tema de las redes de trata? 


TST- Primero, tenemos que definir el concepto de trata. En el imaginario social, trata es una mujer secuestrada que está obligada y forzada a tener sexo pero para la ley no es eso. Con la reforma de la ley de trata en 2012 prácticamente prostitución y trata son equivalentes. Tenemos un problema serio y legal en Argentina, porque se han confundido las cosas, se utiliza la excusa de la trata para perseguir a trabajadoras sexuales y a todo el mundo del comercio sexual. Si yo le presto mi departamento a una amiga del interior para trabajar voy presa por trata o por proxenetismo, según el caso. Por lo tanto, no podemos ni siquiera cooperativizar, no podemos trabajar en equipo. En la calle nos corren, nos persiguen y nos reprimen permanentemente, es una persecución policial constante aun cuando la prostitución no está prohibida en la Argentina. 

 
Pareciera, entonces, que trabajar es cada vez más complicado… 


TST- Trabajar de manera autónoma es cada vez más difícil en el país, porque el sistema opresivo donde la legislación es abolicionista se lleva a las trabajadoras sexuales. Estamos viviendo una fuerte ola conservadora, se está persiguiendo a la nocturnidad. Se confunden dos cosas totalmente distintas, nos han quitado la capacidad de consentimiento: si la puta dice sí, porque cobra, sigue siendo violación. Con la excusa de protegernos tenemos un Estado paternalista muchas veces con cara de mujer porque las que llevan adelante esas políticas son mujeres. Es el discurso feminista dominante de los 50s, 60s. Mujeres de un sector de la aristocracia, de alguna manera académica, que lógicamente haciendo un abuso de poder discursivo, ya que las putas no tenemos palabra porque hemos sido negadas como sujeto histórico y político, han hablado por nosotras y nos han impuesto las políticas opresivas que estamos viviendo. 

 
¿Desde AMMAR cómo discuten con ese abolicionismo? 


TST- AMMAR está resistiendo una oleada punitivista, lo más que puede y sin grandes recursos. Son luchas muy desiguales, con toda la academia convertida en abolicionista y con todos sus discursos imperando en todos los foros feministas, es muy difícil que un grupo de trabajadoras logre visibilizar cuando no hemos tenido voces para dar ese contra discurso. Todos los textos, todos los libros han sido escritos por abolicionistas, el uso de la palabra y el lenguaje son abolicionistas. Entonces, tenemos que dar vuelta toda una serie de conceptos y preconceptos que es muy difícil de hacer. Por primera vez en la historia de las trabajadoras sexuales tenemos sujetas políticas que dan la cara y que poseen los recursos discursivos para contrarrestar la oleada hegemónica de ese punitivismo moral, llamado abolicionismo. 

 
¿Cómo fue su ingreso en la actividad sindical y si tienen interacción con otros gremios? 


TST- Soy una chica grande, una mujer trans sin mutilación quirúrgica ni conflicto genital. Antes de ingresar en AMMAR tuve otras militancias, tuve militancia sindical, he sido delegada con mi imagen masculina en otros espacios. La militancia en AMMAR viene de la necesidad de voces, de gente que hable, porque las compañeras están muy solas. La lucha es muy desigual. La CTA es una organización muy abierta, amplia y solidaria, porque había que darles el espacio a las putas en una central de trabajadores hace 22 años, no fue una decisión nada fácil y sin embargo la CTA lo hizo. 

 
A partir de su participación en AMMAR, ¿Cambió su definición del trabajo sexual? 


TS - Antes de AMMAR y de ingresar al trabajo sexual estaba del lado abolicionista. Por toda la desinformación que tenía, además de haber empezado de grande a militar en el feminismo, no tenía la apropiación que hoy sé que tengo. Lo que me pasó acá fue que no tenía conocimiento sobre la diversidad, ver el trabajo de los y las compañeros gordos por ejemplo, fui rompiendo con cosas que creía que sólo eran limitadas a determinados cuerpos. Militar en AMMAR fue una deconstrucción constante, todos los días aprendí algo nuevo.


TST- Me mostró algunas problemáticas que no conocía. He visto la soledad de la puta, el peso del estigma y tener el peso de una parte de la sociedad, que para mi entender es
minoritario, oprimiendo y descalificando en todos los medios y espacios. Lo que más me reveló es la crítica que nos hacen desde algunos sectores como si fuese un pecado mortal que las putas nos queramos organizar y defender nuestros derechos. A diferencia de otros rubros, si las putas nos organizamos pasamos a ser cómplices del patriarcado y toda esta historia de palabras grandilocuentes para disfrazar lo que es una política anti prostitución y anti trabajo sexual. Todo trabajo es explotación y todo trabajo de alguna manera implica cierta forma de prostitución de nuestras conciencias o nuestros cuerpos. 

 

¿Qué nos pueden contar sobre el nuevo proyecto de ley que se está trabajando y en qué se diferencia del proyecto anterior? 


TST- El proyecto anterior que fue el de 2013 surgió en un contexto donde había una movida abolicionista muy fuerte. Veníamos de la ley de trata, con todo un punitivismo exacerbado contra el trabajo sexual. Veníamos de la prohibición del Rubro 59 que produjo un cambio muy importante en las modalidades de trabajar, porque había muchas chicas que trabajaban con el rubro, lo cual lanzó a muchas a trabajar a la calle. En ese contexto sale el proyecto del 13 que no fue muy conversado sino más bien se pensó para frenar ese avance abolicionista. El nuevo proyecto es totalmente distinto, apunta a defender derechos y a reconocer el trabajo sexual en sus distintas modalidades. Ya veremos cómo resolver el tema de diferenciar algunas cosas, es un proyecto en elaboración que no está cerrado. Es un enfoque de derechos y con gran participación de las trabajadoras sexuales.
Con los estigmas a cuestas por fuera y dentro del movimiento feminista, AMMAR viene dando la discusión sobre el trabajo sexual por más de veinte años. Cada vez con más herramientas discursivas, se plantean, deconstruyen y enriquecen a sí mismos y al debate sobre la prostitución. Desde ese lugar, marginal y a veces invisibilizado, están llevando a cabo una batalla cultural en varios frentes que traerá un cambio radical en el movimiento feminista y en la sociedad toda. 

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