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HIPERNATREMIA DE TEATRO PUCHERO

Tl;dr: está buena. Vayan.

 

 

 

Quizás la pieza más emotiva y reflexiva de las estrenadas por los herreros hasta la fecha. 

Los herreros son los miembros de  La Herrería, teatro de San Miguel que no para de producir y sube la vara en cada obra que estrena. Casa de múltiples compañías que realizan producciones originales y que también, semana a semana, presenta obras de otros lados con la entrada a la gorra como ejercicio de conciencia.

 

En esta oportunidad la compañía Teatro Puchero presentó Hipernatremia. Gran historia de Sebastián Ricci con buenas actuaciones de Mariano Guerra y Amadeo Pellegrino haciendo de un hombre y su compañero determinados a recuperar su pueblo que fue arrasado por una inundación. Optimistas y salvajes usaran un método inusual que para sorpresa mía funcionó, como bien espoilea la sinopsis, Kavon y su perro Chorno quieren drenar un pueblo inundado tomándose el agua. 

 

Recuperando subliminalmente la parte trágica del mito de Sisifo (contrario a lo que ahora está de moda decir de que un propósito elegido, por más absurdo que sea, es valioso en tanto da sentido a la vida) los personajes deliran con los futuros beneficios de su tarea finalizada y se ponen codiciosos y se cagan a piñas. Son trágicos. Son queribles. Y Ricci los hace sufrir.

 

Ricci la titula con un nombre difícil que tiene que ver con la trama, pero al no ser una palabra conocida o usada cotidianamente le da un toque de misterio. Después en el flyer la cagan y dicen que es exceso de sal en sangre… Basta de certezas. Es como en farenheit 451, en la primer hoja te spoilea el misterio.

 

La obra se realiza en una escenografía crota y cartonera, estilo que las compañías herreras explotan muy bien, potenciando la miseria de los heroes pero sin alejarse de la trama. Quiero decir que es entendible la razón por la cual los personajes dispondrían de esa escenografía. A diferencia de otras obras de la casa como son Los hechobolsa donde la experimentación escenográfica lleva la trama.

 

Me encantó el uso de los sonidos. La herrería en el verano es un cago de calor, pero el paisaje sonoro que acompaña la obra te refresca zarpado. Cuando llueve se siente que llueve dentro del teatro.

 

Me gustó mucho. Todos deberían verla, siempre viene bien que te recuerden lo frágiles que son los sueños. Le pongo cuatro bidones de un total de cinco. Le pondría cinco, pero Ricci dijo que se vienen cambios y quiero ver si mejora.  Los personajes me recuerdan tantos otros, al Quijote, a Sisifo, al Aguirre de Herzog, al comisario Jaume Planc de Spregelburd, pero saben y logran meter su matiz que no palidece en esa lista.

 

La obra, dicen los flyers (pero Alá sabe más), toma como punto de partida la historia de Epecuén, la ciudad en ruinas que está al sur de Buenos Aires.  Asi que pongo unas fotos de Epecuén para cerrar la rese. Chauuuu

 

 

 

 

 

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