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DE LA COMUNIDAD A LA MERITOCRACIA: UN SOLO PASO

Vivir en comunidad, en una ciudad, en sociedad, con personas distintas, fue el eje central para que la vida humana se desarrolle con “prosperidad”durante todos estos años registrados. Claro que en el medio “pasaron cosas” y las ventajas de la vida moderna trajo privilegios para unes y desgracias para otres. Del éxito y el fracaso en la sociedad actual. 

Alguna vez leí que las diferencias son las que nos integran como sociedad, imagínense lo terriblemente aburrido que sería si todes seamos iguales o pensásemos de la misma manera. Algunos dicen que la URSS no cayó por la guerra fría o el muro de Berlin, sino porque su sociedad estaba cansada, agotada de ser igual uno al otro, que la necesidad de distinción fue tan grande, que el país socialista se derrumbó por un ataque interno. Claro que en este caso, la igualdad fue impuesta por el Estado. En cambio, las sociedades capitalistas modernas están etariamente, socialmente, demográficamente y económicamente segmentadas. El mercado hace de la desigualdad su mayor negocio, solamente pensemos un segundo esto y encontramos para cada necesidad, un producto. Los defensores del liberalismo así lo creen, así lo pregonan y así les va.

 

La primera comunidad trabajó en conjunto para modificar y controlar el ambiente que los rodeaba, que le permitió adquirir conocimientos sobre el ciclo de siembras, cosechas, semillas, etc. Estas nuevas tecnologías con el paso del tiempo se perfeccionaron y permitieron  que haya “excedentes de producción”. Pues bien, una cosa lleva a la otra, el excedente permitió que se requieran menos trabajadores para la labor, pues con lo que se produjo la cosecha pasada y se almacenó es suficiente para que uno de ellos “no trabaje” y se dedique a otras cuestiones: el estudio de los astros, la religión, matemáticas, arte, etc. Aquí, con esta acción, mucha literatura del materialismo histórico nos indica que estas fueron las acciones primitivas de una sociedad divida en protoclases. Sin apremios y sin autoridad, hoy podríamos decir que esto fue la “primer protodivision de clases”: gente que trabaja y gente que no.

 

Este ejemplo básico y minúsculo nos sirve para pensar si el éxito es personal o colectivo ¿Podría Platón filosofar y deleitar un buen malbec sin los trabajadores del viñedo? El éxito de Platón en la filosofía, en parte es gracias a dichos campesinos, que mientras él con sus amigues debatían acerca de la existencia de un ser supremo, el jornalero campesino se preguntaba cómo alimentar a sus crías esa misma tarde. El campesino trabaja mucho, come poco y no toma de su vino producido, es un fracaso para nuestra sociedad, los liberales dirán que es una larva que absorbe excedentes de la producción. Mientras que Platón, no trabaja, come mucho y disfruta del buen vino producido por otro, en este caso los liberales dirán que Platón es un genio, necesario para la sociedad, para el progreso de la humanidad ¿Qué sería de Platón sin su vino? Platón tiene éxito, nuestro amigo el campesino no.

 

Entonces, nos hace solamente pensar una sola cosa: El mérito es político, porque atrás de él se esconde la aprobación por parte de la sociedad que legitima y quien tiene el dedo para decir (y decidir) quien tiene éxito y quién no. Claro que sin medir impactos o causas de este fracaso o éxito. Por lo que ambos, tanto el fracaso como el éxito son relativos. Son instintivos y son construcciones de imágenes, de ideales blancos, católicos y europeos, ¡claro que si!

 

¿Como la sociedad mide el éxito y el fracaso? por lo que uno tiene y no por lo que uno es. Entonces, además de ser blanco, católico y europeo, el éxito es mercantilista, materialista y por ende capitalista. El fracaso se coloca en la antípodas de estas categorías.

 

Las vaquitas son ajenas

 

La sociedad moderna, la que tanto queremos y que nos convirtió en seres meramente existenciales, consumidores y materialistas, nos hizo creer que los resultados positivos y el “éxito” que logramos en nuestra vida son por decisiones personales, por esfuerzo propio, por voluntad de que todo salga bien, porque se madruga y trabaja todos los días, por las energías positivas y la luz que emana del ser (en un campo espiritual). Sin embargo, aquí la paradoja, cuando las cosas salen mal es culpa de una sociedad que se encuentra enferma, anómica. La crisis del país me lleva al “tacho”, el mundo está mal, China y EEUU están en guerra comercial, hubo un golpe de mercado en Turquía, mi jefe quebró y por eso nos tuvo que despedir. Todas estas acciones negativas hacen que nosotros fracasemos, aunque sea un buen cristiano, aunque efectivamente Dios nos ayude porque madrugamos.

 

Al punto final que quiero llegar con estas simplistas reflexiones (por las dudas me atajo) es que cuando consideramos el éxito, se lo hace en términos individuales, cuando se refiere al fracaso, el resultado es por la mala acción de una sociedad en conjunto. El fracaso es colectivo, el éxito individual.

 

 

Por Nahuel Godoy

ntgodoy87@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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